Para que la poesía se lea más 

¿Por qué la poesía se lee tan poco?, preguntó la maestra Paola Araiza, cuando el diálogo entre el público y los presentadores se había animado tanto que terminó por ser la parte más rica del acto. Era el 21 de marzo de 2017. Nos hallábamos en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, en México, con su director, Héctor Orestes Aguilar. Arcelia Lara Covarrubias, Guillermo Coussen, Guillermo Vega Zaragoza y yo presentamos el libro Umbral de los relámpagos. Obra literaria de Benjamín Barajas. Su autor, Alejandro García, fue el moderador y nos contó la historia del libro. Barajas participó en la discusión. Llegamos a la conclusión de que debíamos ocuparnos de que se lea más poesía. Ésta es una razón. Hay otra.

        Hace poco más de medio siglo que doy clases. Comencé en una preparatoria, el Centro Universitario México. Luego, en la UNAM, y en la Ibero de Torreón, he sido maestro de literatura, de producción editorial, de historia y de historia del arte. En la UV, varios planteles del Tec de Monterrey, El Colegio de Sinaloa, la UNAM y la SOGEM, y en casas de la cultura de todo el país he dado talleres de formación de lectores y de escritura creativa. En la actualidad tengo tres: uno en el Centro de Enseñanza para Extranjeros, de la UNAM, y dos en la SOGEM. Siempre, en todos estos lugares, y en incontables conferencias dentro y fuera del país, y en media docena de libros sobre estos asuntos, y en unas treinta antologías, he hecho cuanto he podido para enamorar de la poesía a mis alumnos –no importa de qué- y a mis lectores.

        ¿Por qué es importante que todos –no importa cuál sea nuestro oficio- leamos poesía? Entre los usos del lenguaje no hay ninguno más alto que la poesía. En ninguna otra forma de decir ni de escribir están las palabras más cargadas de sentido ni de significado que en la poesía. Quien puede leer poesía esforzándose por entenderla –de otro modo no hay lectura, sino su simulación-, puede leer todo lo demás. Los poetas nos enseñan a decir lo que sentimos; nos revelan aspectos de la realidad en los que no habíamos reparado; nos ayudan a conocernos y a conocer al otro.

        Leer poesía es una de las formas de la felicidad. Quienes no leen poesía no pueden sentir ni comprender esto, así como quien nunca se ha enamorado no puede imaginar lo que eso significa; cómo se siente y se vive eso. La lectura, como estar enamorado, es una experiencia, algo que se vive. 

        ¿Cómo se interesa a otros en la poesía? ¿Cómo se contagia el gusto por leerla? La manera más eficaz es la lectura en voz alta. Hagan la prueba de leer en voz alta para ustedes mismos, cuando estén solos. Escúchense. Y lean para los demás los poemas o los versos que más les gusten. Déjense llevar por el sentimiento. Lean en compañía de otros. Hablen de lo que leen. Guarden en su memoria esos versos y esos poemas que más los han tocado. Háganlos parte suya. Llévenlos por donde vayan. Serán una forma de compañía y de consuelo que los acompañará toda la vida.

        Cuando salí de aquella presentación del libro de Alejandro García me bailaban en la cabeza estas ideas. Y de ellas nació “Un poema al día”. Un poema es una dosis accesible, una invitación que puede atenderse, y las nuevas tecnologías hacen posible ponerlo en manos de los amigos día a día, por lejos que estén.

        El primer envío fue “Los poemas”, de Víctor Sandoval; con el WhatsApp lo puse en manos de casi doscientos amigos el 24 de marzo, tres días después de la discusión que provocó el libro de Alejandro García. A partir de entonces lo he seguido haciendo sin interrupción. Los publico también en mi muro de Facebook, donde tengo cinco mil contactos que, estoy seguro, no lo visitan cada día. Pero me consta que son muchos quienes los reciben, y que muchos de ellos los reenvían a no tengo idea cuánta gente más que, espero, muchas veces hará eso mismo. De eso se trata, de que nos ayudemos unos a otros para que se lea más poesía. Hay poemas de los poetas mayores y otros de autores que apenas son conocidos. Hay poemas de amigos muy queridos y otros de gente que nunca he visto. Todos me gustan; todos merecen más lectores. 

FG