A una niña (16-II-2019)

 

En vereda nunca hollada
y en valladar muy lejano,
descubrí la flor nevada,
flor que no ha sido arrancada
jamás por ninguna mano.
–                   Cáliz de misión incierta
que imágenes mil despierta…
Es un cirio en la penumbra,
copa, si está entreabierta,
y si está cerrada, tumba…
–                  Si pudiera la aldeana
cortarla del valladar,
la llevaría al altar
de la ermita más cercana.
–                   Yo a mi casa la trajera,
porque ha de llevar ventura;
y luego… ¡que yo la viera
junto de mi sepultura!…
–                   ¡Oh, flor aromosa y blanca!
Ninguna mano la arranca
porque es alto el valladar!
… Si aciertas, niña, a pasar
–                    junto de esa flor tan bella,
que es envidia de la estrella,
de la fuente y del bambú,
reconoce tu alma en ella,
porque esa flor eres tú…

María Enriqueta (1872-1968)
Rosas de la infancia, Libro IV
Ilustraciones de A, Gedovius
Librería de la Vda. de Ch. Bouret,
París – México, 1922

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