Entonces siguió una calma opresiva (29-I-2019)

 

Entonces siguió una calma opresiva por unas pocas horas, que pareció indicar que el mismo vórtice de la tormenta estaba pasando sobre nosotros; era como el ojo de Dios sobre nosotros, era al mismo tiempo el ojo huracanado, el ojo de la ira, pues la poca natural quietud, la calma chicha, perturbada sólo por una llovizna ocasional, era de por sí misma agüero del próximo desastre. Como no había habido cambio en la dirección del viento, los que tenían experiencia se preparaban para lo peor… Alrededor del horizonte se encendió un anillo de fuego rojo-sangre, perdiéndose en un ámbar brillante en el cenit: era Isaías: en efecto, el cielo formó una gigantesca y feroz bóveda de luz roja que brilló a través de la lluvia… Nos hincamos…

Margo Glantz (1930)
De Síndrome de naufragios
Joaquín Mortiz, México, 1984

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