A una niña (16-II-2019)

 

En vereda nunca hollada
y en valladar muy lejano,
descubrí la flor nevada,
flor que no ha sido arrancada
jamás por ninguna mano.
–                   Cáliz de misión incierta
que imágenes mil despierta…
Es un cirio en la penumbra,
copa, si está entreabierta,
y si está cerrada, tumba…
–                  Si pudiera la aldeana
cortarla del valladar,
la llevaría al altar
de la ermita más cercana.
–                   Yo a mi casa la trajera,
porque ha de llevar ventura;
y luego… ¡que yo la viera
junto de mi sepultura!…
–                   ¡Oh, flor aromosa y blanca!
Ninguna mano la arranca
porque es alto el valladar!
… Si aciertas, niña, a pasar
–                    junto de esa flor tan bella,
que es envidia de la estrella,
de la fuente y del bambú,
reconoce tu alma en ella,
porque esa flor eres tú…

María Enriqueta (1872-1968)
Rosas de la infancia, Libro IV
Ilustraciones de A, Gedovius
Librería de la Vda. de Ch. Bouret,
París – México, 1922

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Búsqueda, I (15-II-2019)

 

Ahora
que encamino mis pasos hacia el alto crepúsculo,
cadáveres de sueños siembran su cal inútil
a lo largo del día.
Mi devoción frustrada no acierta ni siquiera
a imaginar un súbito color entre la sombra.
¡Esta tarde, como todas las tardes,
he perdido una estrella!
–          Apareció de pronto flotando sobre el río
y fue como nenúfar transitorio
su anunciación insólita.
Su nombre de rocío
dejó en mis labios avidez lacustre;
y al fin, celeste y evasiva,
se diluyó en derroche de iluminada espuma.
–          Vino después a mis hambrientas playas
y era un pez rutilante en mis redes de asombro;
pero sobre la arena se deshizo
su inusitada piel de azogue.

Margarita Paz Paredes (1922-1980)
En Las avenidas del cielo. Muestrario
poético de Aguascalientes y Guanajuato
Benjamín Valdivia, editor.
Metepec, Estado de México, 2018

De “A ojo de pájaro” (14-II-2019)

 

II
No sé cuándo el cristal rompió tu mirada
oscureciendo tus ojos, destruyendo tu casa.
Me di cuenta cuando enterraste a tu Dios,
y pusiste en entredicho tu fe y su existencia:
éramos dos niñas llorando al padre.
¡Yo estaba allí! Todo era silencio e incierto.
¿Por qué te quedas callada? ¿Por qué no dices nada?
Íbamos de cabeza a no sé qué senda
arrastradas por un camino de hormigas,
tal vez a un exterminio de flores,
¡vayamos a correr a casa de la abuela!
Nuestros ojos disipaban en ninguna parte,
no sabía si estaba viva o muerta,
me conformaba con ver tu sombra al lado mío,
quizá para no sentirme sola
–                  hasta que aprendimos a cargar con un féretro dentro de uno más grande.

Sulma Jiménez (1988)
en Astilo, antología poética. Selección
de Óscar Oliva y Julio Solís. Cultura,
Dirección de Publicaciones del Coneculta
Chiapas, Guadalajara, 2017

Río (13-II-2019)

 

XLI
Bracea
recio
el faro
en el chapopotado
aguaje de la noche
–                     En mohosa palmera de la orilla
cual eléctrico sapo
un cuervo croa
Y un trasatlántico atraca:
visible nada más por su contorno
a hilo pespunteado
por finas bordadoras
que guiñan lentejuelas
a cada raudo hilván
–                     La hélice
en su giro que agoniza
recalca los tiznosos mogotes de los pinos
(mechones apresados por la mano
firme del peluquero
que
tijeras en alto
se apresta a acometer con su habitual fiereza)
–                     Se apagan los luceros
bajo la llama
que da una mano de lechoso
cemento al horizonte
donde flamea
a la distancia
un hilero de pozos de petróleo…

José Luis Rivas (1950)
La Palabra y el Hombre, núm. 100, 1996
Universidad Veracruzana, Xalapa

Las sirenas (12-II-2019)

 

En las ondas del verde caimanero,
estiradas de luz en áureas venas,
un grupo bullicioso de sirenas
juega y canta su canto lisonjero.
–                     Es la luna de nácar un venero,
y al bañar ese nácar las serenas
extensiones del golfo, de iris plena,
finge hervores de perlas cada estero.
–                    Dos sirenas del coro se retiran:
se quieren y se atraen; tornan, giran,
se besan en los labios escarlata,
–                     sumérgense abrazadas en las olas,
y resurgen unidas en sus dos colas
como una lira trémula de plata.

Amado Nervo (1870-1919)
Poesías completas,
Biblioteca Nueva, Madrd,1935

Fe mía (11-II-2019)

 

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

Pedro Salinas (1891-1951)
En Antología poética de la
generación del 27
Selección, estudio y notas
por Manuel Cifo González
Santillana, Madrid, 2002

Andando por el día (10-II-2019)

 

Adelantas la pierna
Izquierda el día
Se detiene sonríe
–          Y se echa a andar ligero
Bajo el sol detenido
–         Adelantas la pierna
Derecha el sol
Camina más ligero
–         A lo largo del día
Varado entre los árboles
–         Caminas altos senos
Andan los árboles
Te sigue el sol el día
–         Sale a tu encuentro el cielo
Inventa nubes súbitas

Octubre de 1958

Octavio Paz (1914-1998)
Poetas de México y Latinoamérica
Cuadernos de la Palabra
Universidad Veracruzana, Xalapa, 2007