¡Qué costumbre tan salvaje… (2-XI-2018)

 

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
           Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y
digan alegremente: ¿por qué lloras?
           Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le
ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo,
piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.
–           Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una
burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?
–           Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

Jaime Sabines (1926-1999)
Nuevo recuento de poemas,
Joaquín Mortiz, México, 1977

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