El ojo del silencio (25-X-2018)

 

1
Esas nubes que viajan
sobre el techo de mi casa
y pasan de la arboleda al camellón,
vagan por el estanque,
y al poniente se pierden en su nácar,
deben de ser Dios.
Dios debe ser esta mano en mis cabellos,
mi propia mano,
y la parábola que se desliza
en el aire de mi recámara.
–         Pienso que Dios es esta música de flautas
columpiándose al norte de la arcada,
también es ese pájaro amarillo
asomado a la rama;
y el momento en que pienso todo esto,
es Dios,
más la palabra que lo nombra:
–         ese magnífico silencio.

Ethel Krauze (1954)
En Inédito diamante. 5 poetas mexicanas
Selección y prólogo de Eduardo Mejía
Ediciones Ikygai, México, 2018

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