Crepuscular (27-X-2018)

 

¡Fue una tarde! Los dos bajo una encina
que del monte en la cúspide se empina
sellamos nuestro amor.
Febo, alegre en el cielo sonreía
extrañado ante el cuadro que veía
de insólito color.
–         Tú, casi desmayada, ¿lo recuerdas?,
muy quedo me decías: “¡No me pierdas,
ten de mí compasión!
Yo, loco, entre mis brazos te estrechaba
y tierno y cariñoso te besaba
con boca y corazón.
–         Poco a poco, la fiebre del deseo
que acrecía mi ardiente devaneo,
de ti se apoderó;
y ebria entonces, balbuciste: “Sea…”,
y el Astro-Rey su luminosa tea
en el cielo apagó.

Adolfo Bernáldez
El Parnaso mexicano (los trovadores de México)
Maucci Hermanos, México – Buenos Aires, 1905
José López Rodríguez, Habana

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Árbol (26-X-2018)

 

A los señores Chidán

Yo he conocido a un árbol
que me quería bien.
Jamás supe su nombre,
no se lo pregunté
y él nunca me lo dijo:
cuestión de timidez.
Nunca vio mi silueta,
era ciego al nacer,
por eso a mí me quiso
lo mismo que yo a él.
Le dije muchas cosas
que a nadie más diré,
mas que a la vieja estrella
que alguna vez hablé.
Él estaba más cerca
yo palpaba su piel,
a él le dolía el tronco
a mí el tronco y la sien.
Un día lo perdí,
qué amor no perderé;
pregunté a sus hermanos
que debieran saber;
a los hombres que saben
nada les pregunté.
Acaso él me buscó
como yo lo busqué,
pero los dos andamos
tan torpes de los pies.
Cosas, terribles cosas,
que hoy quisiera saber.
Nunca me contestó.
¿Sería mudo también?
Como el árbol de Heine,
eso sí que lo sé,
movía la cabeza
oyendomé.

Pedro Garfias (1901 – 1967)
Pedro Garfias, poeta
Ayuntamiento de Guadalajara
1983 – 1985
Guadalajara, 1985

El ojo del silencio (25-X-2018)

 

1
Esas nubes que viajan
sobre el techo de mi casa
y pasan de la arboleda al camellón,
vagan por el estanque,
y al poniente se pierden en su nácar,
deben de ser Dios.
Dios debe ser esta mano en mis cabellos,
mi propia mano,
y la parábola que se desliza
en el aire de mi recámara.
–         Pienso que Dios es esta música de flautas
columpiándose al norte de la arcada,
también es ese pájaro amarillo
asomado a la rama;
y el momento en que pienso todo esto,
es Dios,
más la palabra que lo nombra:
–         ese magnífico silencio.

Ethel Krauze (1954)
En Inédito diamante. 5 poetas mexicanas
Selección y prólogo de Eduardo Mejía
Ediciones Ikygai, México, 2018

(24-X-2018)

 

31

Yo hace mucho sabía
por qué es la noche hermosa,
por qué contaba el viento
sus rebaños de estrellas,
de qué hablaban las flores
en el sendero aquel.
–         Yo hace mucho sabía
que la confianza es honda,
más honda que la angustia
de ser un ser de polvo.
–         Yo hace mucho sabía:
sólo el amor responde
al pesar de la muerte
y a la angustia que cubre
el divagar del mundo.
–         Lo importante es saber
por qué se vive
por qué se ama
y por qué se muere.

Enrique Maza (1929 – 2015)
Canto de tierra,
UAM, México, 1ª reimpresión, 2009

(23-X-2018)

 

6
William, aprendí el significado de tu nombre al ver una
mosca asesinar a otra por la pata de un manatí:
el animal manco se acurrucó en mi cama.
No entiendo por qué regresaste,
William,
–                             al puerto
a ver el hueco existente.
Hay un mar como un cuerpo sin agua.
Me pregunta papá sobre los juegos,
sobre las palabras que tienes en el álbum de tu cabeza;
–         en la bahía los portadores comienzan a subir a la nave.
Arribarás a las colonias en años,
primero sabrás cómo cuidar un cubo,
amarrar una piedra en tus zapatos para hundirte.

Fredy Villanueva (1995)
William
Premio de Poesía Joven
Alejandro Aura 2018
Elefanta Editorial, Secretaría de
Cultura de Ciudad de México,
México, 2018

Tu boca expuesta (22-X-2018)

 

Tu boca expuesta. Tu boca abierta. Tu boca de cadáver
Tu boca con el golpe en la punta de la lengua
Tu cueva                                  Tu mentira
–         Tu sombra donde revientan los insectos
Donde se pudre el agua y aparecen palabras de ceniza
–         Una herida nació desde tu boca retratando otra herida
Una llaga se instaló en el corazón
para multiplicar tu llaga
         Un ademán de hastío cayó como gota en el fondo
de las miradas que se oyeron
–         A criar empezaron las ratas dentro de todos los estómagos
–         A nacer las crías                                   A tener hambre
–         A rayar las ciudades y buscar otros ojos

Dolores Dorantes (1973)
Querida fábrica
Conaculta, México, 2012

Canciones del pozo sin agua (21-X-2018)

 

1
Tumba en el son tu risa,
túmbala, corazón,
tírala al sol, no hay prisa,
corazón.
Tumba tu muerte,
tu llanto,
corazón con suerte,
espanto del espanto.
En este son con ron
–alegría de la agonía–
bébete, corazón,
y túmbate de día.
Hace calor
(¿quién lo hace?)
hazte a ti mismo, tambor,
boca de abismo sonoro,
corazón, grano de oro,
hazte calor.
Tumba tu sangre caliente
Sobre mi frente.
Corazón, no digas nada
por no espantar la espantada
esperanza malquerida,
túmbate, corazón, sobre mi vida.
Y baila conmigo el son,
y cántalo que lo canto,
ven conmigo corazón,
mientras tanto.

2
Aguamarina, la ingrata
piedra que no mata,
aguaceleste, aguajazmín,
ha llegado muy tarde
pero ha llegado al fin.
Aguaceleste viene del este
y del otro. Es un polvorín.
–         Agua de la ribera,
agua del ojo sombrío,
aguafuerte de la muerte
corazón mío.
Aguazul verde amarilla,
agua de estrella estrellada,
he aquí junto a tu orilla
mi mirada.
(¡Qué sabroso usar palabras
para no decir nada!)

3
Cuando estés triste ponte a cantar.
Cuando estés alegre, a llorar.
Cuando estés vacío, de verdad vacío,
ponte a mirar.
–         ¿Qué muralla que pueda resistir el canto?
Nada te puede separar
del terrón de tierra o de la nube
si te pones a cantar.
–         Para cantar hay que saber pocas palabras
y ponerse una en la boca y con ella jugar
como con una piedra o un caramelo
entre el diente y la lengua y el paladar.
Cuando vienes a ver se te derrite
el espanto y el malestar.
Ponte amor mío a cantar
(párala-párala-paralá)
yo te voy a mirar.

4
Como la sombra de los pájaros
pasan los días.
Tengo sueño de vivir.
Mi corazón es un hambre olvidada.
Igual que la arena entre mis dedos
se va la vida
y la tierra florece con flores y con niños.
Tengo sueño de amar,
quiero dormir cantando, como si fuera a nacer
o a morir,

5
Esta noche vamos a gozar.
La música que quieres,
el trago que te gusta
y la mujer que has de tomar.
Esta noche vamos a bailar.
El bendito deseo se estremece
igual que un gato en un morral,
y está en tu sangre esperando la hora
como el cazador en el matorral.
Esta noche nos vamos a emborrachar.
el dulce alcohol enciende tu cuerpo
con una llamita de inmortalidad,
y el higo y la uva y la miel de abeja
se mezclan a un tiempo con su metal.
Esta noche nos vamos a enamorar.
Dios la puso en el mundo
a la mujer mortal
–a la víbora víbora de la tierra y del mar–
y es lo mejor que ha hecho el viejo paternal.
¡Esta noche vamos a gozar!

Jaime Sabines (1926 – 1999)
Recuento de poemas 1950 / 1993
Joaquín Mortiz, México, 1997