Amor, patria mía 2/4 (10-IX-2018)

[…]

Pero espera –descansemos–: mis labios
no pueden más y tu piel toda es
una magnolia de dorada y celestial bendición.
Espera que te cuente
Sobre alguien que una vez dijo:

Donde yo nací
fue el jardín de Nueva España
–y hablaba de Valladolid, la que hoy
tiene su nombre suave y varonil
como una fruta madura terracalenteña.
Te hablo del Señor Morelos, que bajaba
por Pátzcuaro, Santa Clara del Cobre,
llegaba y descansaba en un mesón
de Tacámbaro
y luego seguía por Loma Larga
y San Antonio de las Huertas
hasta sus terrenos de Nocupétaro
y Carácuaro.
–          En Nocupétaro verás un día un púlpito
hecho por él mismo con madera
del frondoso árbol llamado parota,
pues era hombre dedicado a la arriería
y fue maestro de primeras letras
a orillas del Cupatitzio y sus orquídeas
y era ingenioso arquitecto
y un minucioso tenedor de libros
hasta que un día en Carácuaro oyó decir
que su maestro de San Nicolás
el Padre Hidalgo
andaba metido en fiera lucha
contra los gachupines
y montó a caballo, cabalgó
hasta Valladolid
pero ya el Padre y sus hombres
iban rumbo al Monte de las Cruces.
–          El Señor Morelos corrió
alcanzándolo en Charo
y juntos anduvieron
hasta Indaparapeo.
Aquí pues se despidieron
en un estrecho abrazo de Padre e Hijo
para no verse nunca más
pero ya el Señor Morelos llevaba
el noble nombramiento
de Lugarteniente Brigadier
y Jefe de las Operaciones Militares del Sur.

Ahora voy a poner, oh tú la mi dulzura,
miel y aroma, en líneas de manso prosaísmo
lo que fue y es poesía altamente heroica.
El 5 de diciembre de 1810
el Padre Hidalgo dictó lo siguiente:
Por el presente mando a los Jueces y Justicias
del distrito de esta capital
(el Padre estaba en Guadalajara)
que inmediatamente procedan a la
recaudación de las rentas vencidas
hasta el día por los arrendatarios de las
tierras pertenecientes
a las Comunidades de los Naturales, para que
enterándolas en la Caja Nacional,
se entreguen a los Naturales
las tierras para su cultivo,
para que en lo sucesivo [no]
puedan arrendarse,
pues es mi voluntad que su goce
sea únicamente de los Naturales
en sus respectivos pueblos.
–          Cuatro años más tarde, con mayor energía,
el Señor Morelos dijo lo que ahora escucharás:
Deben inutilizarse todas las haciendas grandes
cuyas tierras laborales pasen de dos leguas
cuando mucho, porque el beneficio
de la agricultura consiste
en que muchos se dediquen
con separación a beneficiar
un corto terreno que puedan asistir
con su trabajo e industria,
y no en que un solo particular
tenga mucha extensión de tierras infructíferas,
esclavizando a millares de gentes
para que cultiven por fuerza
en la clase de gañanes o esclavos,
cuando pueden hacerlo como
propietarios de un terreno limitado,
con libertad
y beneficio suyo

y del pueblo.
–          (El Señor Morelos murió fusilado
en San Cristóbal Ecatepec
el 22 de diciembre de 1815.
–          Emiliano Zapata nació en 1873
en el pueblo de Anenecuilco
del estado de Morelos.)
–          Sigamos ahora con la pestilente
palabra de la excomunión del Padre:
–          Sea condenado en su boca,
en su pecho, en su corazón, en sus entrañas
y hasta en su mismo estómago.
Sea maldito en sus riñones,
en sus ingles, en sus muslos,
en sus genitales, en sus caderas,
en sus piernas, sus pies y sus uñas.
Sea maldito en todas sus coyunturas
y articulaciones de todos sus miembros;
desde la corona de su cabeza
hasta la planta de sus pies,
no tenga un puntito bueno…
(Y así llegó su aprehensión,
y en Monclova lo ataron a un nogal.)
[…]

Efraín Huerta (1914-1982)
Amor, patria mía
Azabache, México, 1994

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