Brizna estremecida (28-IX-2018)

 

Como la miel, ebria de aguijones,
como espuma temblando en el regazo de la roca,
como paloma virgen que zurea
dulcemente
en los oídos del día.
O como una mariposa azul que sobrevuela
los largos latidos del océano
emerges –iris de topacio–
entre las ramas del sauce,
(Se escucha el susurro del musgo,
pétalos simulan la mejilla de Dios.)
La castidad invicta asoma,
la lluvia tararea en los tejados,
amapola líquida que brota
con un rumor de brizna estremecida.

Óscar Wong (1948)
Razones de la voz
Conaculta, México, 2002

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El canto de la noche se vacía (27-IX-2018)

 

Al mirar, mirado por el ojo que me piensa,
mis ojos izan este muro, si te toco,
mis dedos surcan tu cuerpo como lava.
Lo que nombro –filo circular–
degüella lo que nombra. Caracol,
me anudo en sedimentos –lejanías
que signo a sino harán ceñirme a tu sepulcro:
por mis versos la roca se vacía, encarna
el mapa de grietas que me nombra; y si me pienso,
el pensar segrega pie©dra, la palabra
dice muro en lo que dice. ¿Y qué desdigo
si otro muro me aleja de mí mismo cada día?

Felipe Vázquez (1966)
El náufrago vertical
Secretaría de Cultura, México, 2017

Instrucciones maternas (26-IX-2018)

 

Mi madre dice que mujeres como yo
sin traza para labores hogareñas
nunca encontrarán marido
con corbata y mancuernillas.
–          Varias veces me ha dictado
instrucciones de cómo preparar atún a la vizcaína,
cómo quitarle el sarro al inodoro;
también me recuerda
que levante mi cabello después de la ducha.
–          Una y otra vez, insiste en hacerme a su forma;
soy el molde en que amasa sus virtudes.
Pero yo demoro el proceso,
dejo secar las pequeñas plantas
que compro para adornar mi departamento,
recojo un mes después los abrigos que dejo en la
tintorería;
pago el gas en días extemporáneos
y pocas veces como ensalada.
–          Porque es muy probable que no tenga un marido
que acuda con puntualidad a las liturgias del domingo.
Porque las mujeres como yo, se casan con sombras
y polvo que se consuela entre los libros,
porque no sé tejer bufandas,
ni rebanar pimientos
y hasta hace un día aprendí a usar la lavadora.

Zel Cabrera (1988)
Parkour pop.ético (o cómo saltar las bardas hacia el poema)
Armando Salgado y José Agustín Solórzano
SEP Dirección General de Educación Superior
para Profesionales de la Educación, México, 2017

De “Poemas para el perro de la carnicería” (25-IX-2018)

 

V
Amor y pop-corn

Hubo un momento
en el que renunciamos a todo lo dicho;
nuestro deseo era escapar
de los lugares comunes,
abominar de la melcocha sentimental,
inaugurar palabras,
girar en un laberinto perfecto
y lleno de sensaciones frías,
bien meditadas, completas, exquisitas,
alejadas del tiempo, nuevas, antiguas,
clásicas, románticas…
no lo logramos;
son las seis de la tarde,
sobre nosotros brilla
un crepúsculo en tecnicolor
y a nuestro lado se besan
William Holden y Jennifer Jones.
–          Te abrazo y digo, con voz cachonda,
algo sobre tus sparkling eyes,
mientras tú ronroneas: hold me tight
y del kiosco llega una canción de Doris Day.
–          Te ofrezco mucha resignación.
Somos iguales a todos.
Te regalaré una enorme bola
de algodón azucarado,
antes de que, contra los montes de Hong Kong
aparezca, entre nubes rojas,
el inevitable The End.

Hugo Gutiérrez Vega (1934-2015)
Peregrinaciones. Poesía reunida (1965-1999)
UNAM, México, 1999

(24-IX-2018)

 

Y vino el ángel con su lengua de fuego
y arrebató mi cuerpo en su relámpago
y no recuerda mi mente más que el tajo en el pecho
–          De lo que hice o dije
nada sé
ni puedo dar testimonio
o fe de ello
sólo la carne como vidrio astillado doliendo en su juntura
–          Poco entender…
–          Digo ángel por temor a su otro rostro
ése cuyo nombre no se pronuncia
por evitar el cerrojo
–          que detendría el pasar del segundero
y cuyo rumor inmisericorde rasgaría la risa
–          Y vino
–          Y postrada he quedado con la visión en brillo
–          Mejor el viento que no la palabra incapaz
ante el tacto que comienza a no distinguir
la piel del plumaje.

Mariana Bernárdez (1964)
En el pozo de mis ojos
Papeles Pivados, México, 2015

Después del aguacero… (23-IX-2018)

 

Después del aguacero
chapotean los niños.
El sol a ratos
en la colonia Moctezuma,
cerca del aeropuerto.
Llega el Concorde,
desciende su figura de arcángel
entre aviones varados.
El ruido de turbinas
estremece a María.
–          Era el brumoso atardecer
por la calzada,
cuando el arcángel se inclinaba
sobre los hombros de María.
Eran tan sólo los instantes
de la fiera y sus pavores.
Era en realidad entrenamientos
del animal en celo.
Era tan sólo una tormenta en clave
hacia el artero domador en ronda,
humedad en los ojos y en la voz.
Era la hora en que
el bárbaro diamante de la estrella
abría el postigo
y trizaba el espejo.
–          Era el brumoso atardecer
cuando el arcángel desnudaba
los hombros de María.
–          Por donde los tejados
las alas acariciaban la piel azul del aire.
El placer venía de lejos
sobre la tierra apisonada.
El ángel duerme en el regazo de María.
Sueña
lo que su mente pervertida anuncia.
–          Tres días después de la visita
María detuvo el sueño;
volvió a vivir
el pecho duro y liso del arcángel,
el perfil fatigado
y el fuego
sobre su vientre en fruto.
–Todo ángel es terrible,
diría en la duermevela.

Víctor Sandoval (1929-2013)
Poesía reunida
FCE, México, 2008

In memoriam (22-IX-2018)

Croquis sentimentales

Arrasados de lágrimas los ojos,
solíame decir: “Cuando me muera,
no vayas presto a mi sepulcro, espera
al claro mes de los claveles rojos.
–          “Entonces habrá pájaros y flores
y brisas olorosas a tomillo,
y esplenderán las lápidas con brillo
de lucientes cristales de colores.
–          “Entonces, alfombrados de verdura
hallarás, a tu paso, los senderos,
y la voz de uno o dos sepultureros
entonará canciones de ternura.
–          “Entonces ven a mi sepulcro; llega
risueño el rostro, alborozada el alma,
como el amante que en serena calma
al dulce afán de amar feliz se entrega.
–          “Cuando te acerques, alzarán los lirios
su cáliz ormesí, los nomeolvides
serán mis valerosos adalides
que han de vencer tus lúgubres delirios.
–          “Allí leerás mi nombre entre festones
de espigas frescas y de ramas nuevas,
y sentirás que dentro el pecho llevas
frescas también tus viejas ilusiones.
–          “Te inundará la vida de mi tumba,
y lejos de creerme entre los muertos,
soñarás un edén tras los inciertos
límites misteriosos de ultratumba.
–          “Y en tu imaginación contemplativa
verás cruzar mi sombra fascinada
por ensueño inmortal, que tu llegada
espera sonriente y rediviva.”

Balbino Dávalos (1866-1951)
El Parnaso mexicano (los trovadores de México)
Maucci Hermanos, México – Buenos Aires, 1905
José López Rodríguez, Habana