Elegía (29-VII-2018)

 

Humilde huerto mío,
testigo de mis desdichas y mis penas;
al llegar el invierno adusto y frío,
–           cayeron, ¡ay! marchitas
tus hojas y tus blancas azucenas;
y no cual antes, con mi plectro humilde,
contemplando la nieve que te cubre,
podré cantar mi gloria y mis amores
–           mientras viene de nuevo
la estación de las aves y las flores.
–           ¿Cómo esperar cantando
tu follaje, tus rosas, tus matices,
y el sonoro murmurio de tus fuentes,
si del otoño en el postrero día
con las últimas luces de la tarde
huyó también la luz de mi alegría?…
–           Sin aliento, sin fe, sin esperanza,
mientras de hojas y flores te reviste
al llegar otra vez la primavera,
–           indiferente y triste
–           veré romperse el hielo
que aprisiona las linfas del riachuelo.
–           Y cuando de tus aves,
de la brisa fugaz entre los giros
vuelva a escuchar el melodioso canto,
–           prorrumpirá mi llanto…
Tus auras poblaré con mis suspiros.

Gustavo Adolfo Baz (1852-1904)
El Parnaso mexicano (los trovadores de México)
Maucci Hermanos, México – Buenos Aires, 1905
José López Rodríguez, Habana

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