Destierro (19-V-2018)

 

La patria no es otra cosa
que la infancia perdida:
una calle en el barrio de Mixcoac,
el patio de una escuela,
la canción aprendida
en el autobús de una excursión.
Un asunto de nostalgia
que crece con la distancia.
Reminiscencias que se desgranan
al interior del cuerpo
para evocar en la memoria
el sabor de una sopa,
el color de un juguete
al fondo del jardín,
las páginas de un libro en la primaria.
Desarraigados para siempre de la infancia
creamos la ilusión de pertenencia
a una casa mayor que nos contenga;
deseo de unidad
que nos vuelve grupo, tribu, masa
cuando reconocemos en el otro
un gesto familiar, un acento conocido.
La soledad nos vuelve compatriotas
en las tribunas del estadio de futbol
y hasta en la guerra;
nos alimenta un fanatismo idiota.
El destierro nos viste de colores precisos,
de himnos y banderas
que cubren el dolor
de no poder regresar jamás
a la primera casa.

Carmen Villoro (1958)
País de sombra y fuego
UdeG, Maná, Selva Negra, Guadalajara, 2010

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