Historia de un amor (29-V-2018)

 

Ya no estás más a mi lado, corazón,
en el alma sólo tengo soledad,
y si ya no puedo verte
por qué Dios me hizo quererte
para hacerme sufrir más.
–          Siempre fuiste la razón de mi existir,
adorarte para mí fue religión,
en tus besos yo encontraba
el amor que me brindaba
el calor de tu pasión.
–          Es la historia de un amor
como no habrá otro igual,
que me hizo comprender
todo el bien, todo el mal,
que le dio luz a mi vida
apagándola después.
¡Ay que vida tan oscura,
sin tu amor no viviré!
–                                      Ya no estás más a mi lado,
corazón…

Carlos Almarán (1918-2013)
Canciones de amor y dudas
Selección de José María Plaza
Ilustraciones de Antonio de Felipe
SEP, México, 2002

Mi madre La Oca (28-V-2018)

 

La vieja inmensa, inmóvil junto al fuego.
Largo rostro rugoso,
Manos rudas.
Las llamas charlan en la chimenea
Con el obeso calderón de cobre.
Las ristras cuelgan lacias,
Las magistrales ristras
de cebollas.
–          En la penumbra el fuego escoge
bien un surco reseco
junto a una boca mustia, bien
el voraz amarillo de unos ojos.
Hay gente allí muy quieta en la penumbra.
Tan callada, la gente,
como las ristras blancas,
esas tan blancas ristras de cebollas.
–          Mira, tú estás allí también, un poco aparte.
aunque nunca lo sabes, podrán verte.
Como un ratón en la pared,
al otro lado, quedo, inmóvil.
Qué bajas son las vigas, y qué oscuras.
Por fin bulle el caldero entre las llamas.
–          La enorme vieja ahora suspira.
Dónde se fue tu aliento, dónde el aire.
Tan pura es la quietud
que oyes la leve
huella de la ceniza. Entonces,
entre el oro del fuego, la caverna
de la gran boca. Un huracán susurra
“había una vez…”
–                               Y nace todo.

Eliseo Diego (1920-1994)
Veintiséis poemas recientes
Edciones del Equilibrista, México, 1986

Las ballenas y las frutas… (27-V-2018)

 

Las ballenas y las frutas,
la celulosa fina del agave
cicatrizan del mismo modo:
las cortezas de los árboles, las hojas con plaga,
los pupitres, las paredes, las ventanas
de autobuses y vagones
se vuelven distinguibles por la mutilación
que los nombra.
Después del impacto con las hélices
después de la sangre y las navajas
no podemos saber de su dolor,
sólo una estadística,
una gráfica.
–          Las cicatrices que tengo
no son tan profundas:
mi piel no es tan gruesa.
–          El ardor familiar del cuchillo
como el dolor esperado
del segundo tatuaje.
Hacerlo a escondidas,
elegir con la vista
dónde entraría el filo.

Aurelia Cortés Peyron (1986)
Antología de letras, dramaturgia, guion
cinematográfico y lenguas indígenas
Fonca, México, 2017

No quiero… (26-V-2018)

 

No quiero aparecer como un romántico feliz que sostiene el ángel de la inspiración. No. En estos momentos soy un racionalista y un materialista completo. Creo en un movimiento interior. Creo en una plenitud que viene de otros lugares y me llena como un vaso de licor, y que me sale por la boca y los ojos en forma de palabras o lágrimas, y me eriza los cabellos. Estoy henchido. Creo en el ángel de la inspiración.

Juan José Arreola (1918-2011)
La palabra educación
SEP, México, 1973

Poema de amorosa raíz (25-V-2018)

 

Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.
Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides,
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.
Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios,
antes, antes, muy antes.
Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.

Alí Chumacero (1918-2010)
Páramo de sueños
UNAM, México, 1944

Nos quieren volver a matar (24-V-2018)

 

I
Sí, indigna la piel arrancada a un pueblo
que bebe la sangre
de un país sin rostro y sin memoria
–          Sí, indignan las indiferencias y las traiciones.
–          Pero también indigna marchar hacia el olvido
vociferar al aire
rebotar ecos en muros virtuales y blindados
secarse la lluvia
encender el televisor
y un porro y otro
y esperar
y esperar
esperar más sangre para otra marcha.

II
Tantas voces a una voz…
“Nos quieren volver a matar”
una y otra vez
se aviva el fuego de un infierno
y no basta marchar a la luz de una vela
no bastan los silencios y los gritos
hay que incendiar las banderas a media asta
quemar los afiches caducos
hay que encender la memoria de todas las muertes
y no de unas cuantas
hay que incendiar el infierno
y sacudir el olvido.

Rodrigo de Gardenia (1977)
Vagabundo amor
El Rincón del Quijote, Puebla, 2016

De “Caja balsámica de alabastro” (23-V-2018)

 

[…] Tanto en la actualidad como en la antigüedad de nuestra literatura, nunca se ha logrado sostener un poema exclusivamente basado en las emociones. Éste tiene que ser conducido por un intelecto poderoso, que sepa no dejarse dominar por sentimientos demasiado personales. Una vez en estos terrenos, muchas e inagotables son las indagatorias, las maneras de decir; y eso sí dependerá de cada quien.
–          Si tuviéramos que marcar la diferencia –haciendo alarde de sumo atrevimiento– entre poesía femenina y masculina, uno de los asuntos que llaman la atención es el modus operandi. En general, la masculina parte de la observación del mundo, para hallarlo reflejado, más tarde y más adelante, en el interior individual. La femenina procede al revés: surge de la observación de sí misma, para encontrar su espejo en el mundo después. […]

Pura López Colomé (1952)
Prólogo a Reposo del silencio, de
Alejandra Atala
Editorial Porrúa, México, 2008