Canto a la primavera (1°-III-2018)

 

La primavera nace
de no sabremos nunca
qué secretas regiones
de la tierra sumisa,
del mar inacabable,
del infinito cielo.
–         La primavera sube
de la tierra. Es el sueño,
el misterioso sueño
de la tierra dormida,
fatigada y herida.
El sueño en el que todo
lo que la tierra encierra,
desde el profundo olvido,
desde la muerte misma,
germina o se despierta
y regresa a la vida.
¡La primavera sube de la tierra!
–         La primavera llega
del mar. Es una ola
confundida entre todas, ignorada,
perdida sin saberlo
como un niño desnudo entre las olas,
cayendo y levantándose desnuda,
entre las olas grandes,
entre las incansables
eternas olas altas.
¡Porque la primavera es una ola!
–         La primavera surge
del cielo. Es una nube
silenciosa y delgada,
la más pálida y niña.
Nadie la mira alzarse,
pero ella crece y sube
a los hombros del viento,
y llega, inesperada.
¡Porque la primavera es una nube!
–         La primavera surge, llega y sube
y es el sueño y la ola y es la nube.
–         Pero también la primavera nace
de pronto en nuestro cuerpo,
filtrando su inasible,
su misteriosa savia
en cada débil rama
del árbol de los nervios;
mezclando su invisible
y renovada linfa
a nuestra sangre antigua.
¡Y enciende las mejillas,
y abrillanta los ojos fatigados,
da calor a las yemas de los dedos
y despierta la sed de nuestros labios!
–         Decimos en silencio
o en voz alta, de pronto, “Primavera”,
y algo nace o germina
o tiembla o se despierta.
–         Magia de la palabra:
primavera, sonrisa,
promesa y esperanza.
Porque la primavera es la sonrisa
y, también, la promesa y la esperanza.
–         La sonrisa del niño
que no comprende al mundo
y que lo encuentra hermoso;
¡del niño que no sabe todavía!
–         La promesa de dicha
murmurada al oído,
la promesa que aviva
los ojos y los labios;
¡qué importa que no llegue
a cumplirse algún día!
–         La trémula esperanza,
la confiada esperanza que no sabe
que alimenta la angustia
y aplaza el desengaño:
¡el frío desengaño
que vendrá inevitable!
–         Porque la primavera
es ante todo la verdad primera,
la verdad que se asoma
sin ruido, en un momento,
la que al fin nos parce
que va a durar, eterna,
la que desaparece
sin dejar otra huella
que la que deja el ala
de un pájaro en el viento.

Xavier Villaurrutia (1903-1950)
Poesía y teatro completos
FCE, México, 1953

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