Canción de otoño en primavera (24-III-2018)

 

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
Y a veces lloro sin querer…
–         Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
Mundo de duelo y aflicción.
–         Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura
hecha de noche y de dolor.
–         Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé…
–         Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
–         Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
–         Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía…
         En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé…
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe…
–         Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
–         Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
–         Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
–         y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la primavera
y la carne acaban también…
         Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
Y a veces lloro sin querer…
–         ¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.
–         En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
–         Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín…
–         Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
Y a veces lloro sin querer…
¡Mas es mía el Alba de oro!

Rubén Darío (1867-1916)
Cantos de vida y esperanza
Madrid, Tipografía de Revistas de Archivos y Bibliotecas, 1905

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Escolopendra (23-III-2018)

 

Niñez
De escolopendras y de iguanas
Cara de aljibe en los espasmos de la hoja frágil
Alameda estañosa de la infancia
Sin nube y sin dialecto
–         Niñez
De curaciones del espanto
Con la mano velluda de doña Salomé
–         Niñez
De mango ictérico y de trueno
Monocorde en la lluvia
Sol derretido
Y engrapado al agua
Mientras la blusa de la noche
Acordonada de luciérnagas
Luce en el cuerpo de la aurora
–         Niñez
De emociones sumarias
Y de anofeles fascinados con la sangre
Pantano tábido del dengue
Y más allá de la ribera
El juicio íntimo
De una vela emboscada por las sombras
–         Insurrección de la terciana
En las frentes de los pizcadores
–         Niñez
Donde hombres lástima
Empuñan su dolor con las flores que venden
Postración de los niños
En las acequias de las nanas
–         Niñez
Donde indios lástima
En marcha y ronda
Sitian el Palacio de Gobierno
–         Niñez que mira arder
Virutas de estupor en un tizón de ocote
–         Cuellos de flamboyanes temblorosos
En la tormenta
–         Sémola
Íntima
Natal
–         Niñez que ulula
Con aullidos más verdes
Que los helechos de la muerte

(Matumaczá, 1959)

Juan Bañuelos (1932-2017)
Material de lectura. Poesía moderna. 125
UNAM, México, 1987

Bagmesti (22-III-2018)

 

Río de muerte
que proclamas vida
–         Sábana
amarilla
de renacimiento
–         La tea convoca
tu ceniza inmortal
–         Eres transparencia de ataúd
que camina por el agua
–         Y al margen
la vigilia es paciente cercanía
–         No hay entierros
ni velorios
que oculten la osamenta

Alejandro Ordorica (1946)
Viaje en medio de la luz
Tres Haches, México, 2006.

De todos los volcanes… (20-III-2018)

 

De todos los volcanes montañas desiertos glaciares éste. Montaje entre láminas de asbesto. Mano alisando los pliegues. Esquina. Lo probable de humedecer tierra árida. Al ojo revelarle su incapacidad para erigir montañas de polvo. Al oído regresarle su zona de nitidez, su enfoque.
–         Lenguaje espiga sudor deforme torcido astronómico obrero copista.
–         Palabra auditiva donde se produce el golpe. Largas heridas del vocablo donde supura el gesto / civilización.
–         Plusvalía, en este decir hay plusvalía.

Rocío Cerón
Borealis
FCE, México, 2016

La conversación (19-III-2018)

 

En la jaula del pensamiento no cabe
el amor que no dan.
La mentira cubre el planeta. Hay
visitas que no llegan
y parientes prestados. Una hija
aniquila a su padre,
un tenor canta La Traviata.
La voz se recuesta en la sangre
como existir bajo el sol. Pasa
el poder vestido de célebres venenos.
Del otro lado estamos tristes,
con furias dudosas, tristes, y
amores llenos y vacíos que
marchita la indignación. ¿Eso
explica la prosa del mundo?
A veces ceso totalmente y se abren
los pedacitos del amanecer
en un rincón de la lengua.

Juan Gelman
Amaramara. Pinturas de Arturo Rivera
Granises / Secretarías de Cultura y de
Educación de la Ciudad de México, 2014

De “Canciones sin palabras” (18-III-2018)

 

II
Rosas rosas del alba:
sangre transpira
el color de la noche
que lento expira.
–         Palomas cenicientas
beben la luna:
una oblea desolada
en la frágil bruma.
–         Corren locas las horas
a su martirio:
levanta el día su hoguera
para el suicidio.
–         Cruzan el aire pájaros
de campana:
ecos y luces tajan
piel de mañana.

Susana Francis (1928)
Desde la cárcel de mi piel
Fondo de Cultura Económica, México, 1967