Ulises demorado (8-II-2018)

 

I
Cuando el ciego fabulador
partía las frutas del lenguaje
comprendí
que ya no les importaba a Ulises y sus hombres
atajar el inútil descenso de las aguas
porque habían descubierto su naufragio.
–        Sólo tres círculos siniestros
sólo un brumoso silencio
quedó largamente flotando
cuando el mar se cerró sobre ellos.
Los marinos y sus barbas con pálido terror
intentaron mantener
la girante barcaza.
–         Después sin angustia recordaron
al devolver el cansancio de los remos
la irrefutable
exacta predicción de Tiresias
y el desmedido afán por desafiar
esas suaves sombras que esperan
en el vértice del embudo.

II
Cuando ya no recordemos
las hogueras de San Juan
y las generaciones antagónicas
sosteniéndose unas a otras
den el armazón histórico
a los innovadores del juego
que comparten a su pesar
las particularidades del mono y del ángel,
¡qué más dará
un Ulises demorándose un día o veinte años!
¡Qué más dará
si se articulan las pausas
hasta confluir en una chispa unitaria
que aún tardará en desvanecerse!

Myrta Sessarego
Roce de sombras
París, L’Harmattan, 2004

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