El olor del estipendio (30-I-2018)

 

Durante la enfermedad, se soñó cabalgando
algo muy semejante a su secreto.
No podríamos describirlo,
ni él ni yo,
pero pasaba impávido entre grandes gestos
de asombro, amenaza, miedo o desesperanza.
Él ya sabía entonces qué límites lo ceñían
a esa persona tan extraña
a ese sujeto que enviaba implacablemente
sus pensamientos llenos aún del olor del estipendio.
La lista de sus honorarios era como a continuación
–         [se dice:
el perfeccionamiento de lo inútil,
el vasto imperio de lo superficial,
el Gran Mundo de los temblorosos poseedores de
–         [migajas de miseria
y el de aquellos que descubren el velado tono aurífero
         [de las simpatías momentáneas,
o el desleído diseño de su agonía;
esa especie de comunicación telegráfica de la mutua
         [antipatía,
o la sombra de un lazo que se cierra sobre aquellos que
–         [comparten idéntico desprecio a un mismo ser.
Tales eran los precios. Sus tardes y sus días
estaban llenos de explosivas cóleras y sin embargo
         [inconmovibles.
Noche, desolación, sueño entre rejas
que asombrado veía llegar
hasta el primer escalón de entrada a su refugio.

Francisco Cervantes

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