El amor es su entornada sustancia (29-XI-2017)

Encendido en los boscajes del tiempo, el amor

es su entornada sustancia. Abre

con hociquillo de marmota,

senderos y senderos

inextricables. Es el camino

de vuelta

de los muertos, el lugar luminoso en donde suelen 

resplandecer. Como zafiros bajo la arena

hacen su playa, hacen sus olas íntimas, su floración

de pedernal, blanca y hundiéndose

y volcando su espuma. Así nos dicen al oído: del viento,

de la calma del agua, y del sol

que toca

con dedos ígneos y delicados

la frescura vital. Así nos dicen

con su candor de caracolas; así van devanándonos

con su luz, que es piedra,

y que es principio con el agua, y es mar

de hondos follajes

inexpugnables, a los que sólo así, de noche,

nos es dado ver

y encender.

Coral Bracho

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Al viento (28-XI-2017)

Cuando era niño, con pavor te oía
en las puertas gemir de mi aposento;
doloroso, tristísimo lamento
de misteriosos seres te creía.
         Cuando era joven, tu rumor decía
frases que adivinó mi pensamiento;
y cruzando después el campamento,
Patria, tu ronca voz me repetía.
         Hoy te siento azotando, en las oscuras
noches, de mi prisión las fuertes rejas;
pero me han dicho ya mis desventuras
         que eres viento, no más, cuando te quejas,
eres viento si ruges o murmuras,
viento si llegas, viento si te alejas.

Vicente Riva Palacio

A estas horas, aquí (27-XI-2017)

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,

dejar mi cuarto encerrado

y bajar a bailar entre borrachos.

Uno es un tonto en una cama acostado,

sin mujer, aburrido, pensando,

sólo pensando.

No tengo “hambre de amor”, pero no quiero

pasar todas las noches embrocado

mirándome los brazos,

o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.

Leer, o recordar,

o sentirme tufos de literato,

o esperar algo.

Habría que bajar a una calle desierta

y con las manos en la bolsas, despacio,

caminar con mis pies e irles diciendo:

uno, dos, tres, cuatro…

Este cielo de México es oscuro,

lleno de gatos,

con estrellas miedosas

y con el aire apretado.

(Anoche, sin embargo, había llovido

y era fresco, amoroso, delgado.)

Hoy habría que pasármela llorando

en una acera húmeda, al pie de un árbol,

o esperar un tranvía escandaloso

para gritar con fuerzas, bien alto.

Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.

Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato

o le diría un cuento

que no dijera nada, pero que fuera largo.

Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero

seguir todas las noches vigilando

cuándo voy a dormirme, cuándo.

Yo lo que quiero es que pase algo,

que me muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

         La jaula que me cuente sus amores con el canario.

La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,

y la dulce luna de mi armario,

que me digan algo,

que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,

este vino es amargo,

bajo la lengua tengo un escarabajo.

         ¡Qué bueno que se quedara mi cuarto

toda la noche solo,

hecho un tonto, mirando!

Jaime Sabines

La casa que construiste… (26-XI-2017)

La casa que construiste fue arrasada
Vi cómo sucedió
cómo se desprendían paredes y ladrillos
El techo voló
sobre los huesos
y el paisaje entre las hierbas abrió
echó raíces bajo las plantas de mis pies
Estoy anclada
y esta casa mojada por la lluvia
esta casa azotada por el viento
hecha polvo
y materia que crece
Esta casa soy yo

Minerva Margarita Villarreal

Versiones (25-XI-2017)

La muerte es esa pequeña jarra, con flores pintadas a mano, que hay en todas las casas y que uno jamás se detiene a ver.
La muerte es ese pequeño animal que ha cruzado en el patio, y del que nos consuela la ilusión, sentida como un soplo, de que es sólo el gato de la casa, el gato de costumbre, el gato que ha cruzado y al que ya no volveremos a ver.
La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia, discretamente a un lado, y al que nadie acertó nunca a reconocer.
La muerte, en fin, es esa mancha en el muro que una tarde hemos mirado, sin saberlo, con un poco de terror. 

Eliseo Diego

Si ves un monte de espumas… (24-XI-2017)

Si ves un monte de espumas, 

es mi verso lo que ves: 

mi verso es un monte, y es 

un abanico de plumas.

          Mi verso es como un puñal 

que por el puño echa flor: 

mi verso es un surtidor 

que da un agua de coral.

          Mi verso es de un verde claro 

y de un carmín encendido: 

mi verso es un ciervo herido 

que busca en el monte amparo.

         Mi verso al valiente agrada: 

mi verso, breve y sincero, 

es del vigor del acero 

con que se funde la espada.

José Martí

Oración a Santa Nostalgia (23-XI-2017)

Para Waldo Saavedra

 Allende la mar hay una isla. Allende la mar de tierra, la mar de hombres, la mar de tiempo, la mar de altas olas y madrugadas de sal. Mar adentro de los ojos, siempre, cada quien lleva otros días, otras plazas, otro sol, otra mirada; la urgencia del regreso o de arribar a la playa prometida. 

Por la gracia de tu clemencia, alta Señora, vengo a postrarme al abrigo de tu sombra para pedirte que ampares mi derrotero.
         Santa Nostalgia, sirena y virgen, cuídame los pasos, los vientos, los sueños, las compañías, los pensamientos, las tristezas. No dejes que me pierda de mi isla; no permitas que llegue a ella sin darme cuenta; no toleres que la destruyan mi codicia, mi ira, mi abandono, la torpeza de mi amor.

Felipe Garrido