Acto amoroso (24-X-2017)

dos se miran uno al otro
hasta que son irreales
         entonces
cierran los ojos
         y se tocan uno al otro
hasta que son irreales
         entonces
guardan los cuerpos
         y se sueñan uno al otro
hasta que son tan reales
         que despiertan:
                                  dos se miran…

Ulalume González de León

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Perdón  (23-X-2017)

Soy ya tan viejo,
y se ha muerto tanta gente a la que yo he ofendido
y ya no puedo encontrarla para pedirle perdón.
         Ya no puedo hacer otra cosa
que arrodillarme ante el primer mendigo
y besarle la mano.
         Yo no he sido bueno…
quisiera haber sido mejor.
Estoy hecho de un barro
que no está bien cocido todavía.
         ¡Tenía que pedir perdón a tanta gente!…
Pero todos se han muerto.
¿A quién le pido perdón ya?
¿A ese mendigo?
¿No hay nadie más en España…
en el mundo,
a quien yo deba pedirle perdón?…
        Voy perdiendo la memoria
Y olvidando todas las palabras…
Ya no recuerdo bien…
Voy olvidando… olvidando… olvidando…
Las palabras se me van
como palomas de un palomar desahuciado y viejo
y sólo quiero que la última palabra,
la última palabra, pegadiza y terca,
que recuerde al morir sea ésta: perdón.

León Felipe

dad 0.0 (22-X-2017

no se trata de escribir acerca de mi padre
no se trata de no escribir acerca de mi padre
no aspiro a iluminar la ginebra en el vaso de mi padre
no voy a poner tachaduras sobre líneas que describan
agravios de mi padre
tampoco voy a carbonizar su ciudad ni delinquiré en ella
no enunciaré las reales o irreales enfermedades
de mi padre
esta escritura bajo ninguna circunstancia supone
un anzuelo
aquí no hay un impulso que arrobe a mi padre
mejor sería no nombrarlo –si es que eso fuera posible–
¿para qué?
si todo está ya expuesto
(y no)

Gerardo Villanueva

La mujer de mi padre (21-X-2017)

La mujer de mi padre, tantos años soñada,
deseada ansiosamente. Anhelada mujer,
aspiración de un hombre de ojos agudos, claros,
horizonte de azules y sinceros parajes.
La mujer de mi padre, en la hora serena
le devuelve la vida a su esposo en los sueños,
habla con él un poco y se divierten juntos
cuando cierran los ojos en una nueva alcoba
y mi padre de nuevo la desea. La desea
como siempre lo hizo en su anhelo logrado,
cuando por vez primera la miró caminar
joven y hermosa, plena, hacia él, absorto.
Porque mi padre sueña con su mujer de nuevo
y mi madre, que es ella, la mujer de mi padre,
sueña con él también, cuando bailaban juntos
y un reloj a su espalda ya marcaba las cuatro
de alguna madrugada que bailaba golosa
llena de vida, amándolos. La mujer de mi padre
sonríe mientras duerme porque está con su esposo.
Nadie los interrumpa. Vamos despacio, hermanos,
salgamos silenciosos de su alcoba ensoñada.
Ningún reloj apura su danza interminable.

Eduardo Langagne

Piscis (20-X-2017)

Padre, tus pies,
peces ornados con sandalias,
se deslizan cautelosos 
en el mar oscuro.
Esa profundidad que todo lo contiene
eres tú mismo.
Buscas tu sitio,
mar de los sargazos,
para depositar tu vida que se apaga.
Somos el cardumen que te sigue
en la corriente que acostumbraste
con sabiduría a la ceguera.
Creemos que todo ha cambiado
desde que no nos miras
y mar adentro de ti somos los mismos;
tres niños que sujetos a tu ropa
se estremecen
mientras fluye
el tiempo de agua
holgado en tu camisa.

Elva Macías

Danza en la playa (19-X-2017)

Ayer, 18 de octubre, a las dos de la tarde con cinco minutos, falleció mi madre, con noventa y seis años y dos meses cumplidos. Mi madre disfrutaba la poesía y tuvo una serie de libretas donde escribía versos sueltos o poemas enteros que le gustaban. “Danza en la playa” es uno de ellos.

Yo seré la sirena de barro:
una cinta de niebla en las piernas,
una estrella de mar en la mano.
         Tú serás arcoíris de luna;
un camino de siete cristales
en la luz de una curva desnuda.
         De tu amor he de ser caracol.
En mi casa girando la rosa,
el retorno girando en tu voz.
         Tú serás una danza inocente
deslizando medusas de sueño
en la playa de pálida frente.
         Yo seré aquella nube callada:
mis cabellos azules de cielo,
mis pupilas caminos del agua.
         Tú serás una noche de negro:
terciopelo caliente los brazos,
constelada de peces los senos.
         Yo seré la canción olvidada
levantando espirales blancuras
en revuelo de líquidas alas.
         Tú serás una barca de espejos
en un viaje de lunas quebradas
hasta el último azul del silencio.
         Yo seré caballito marino:
a galope, galope las olas,
a galope tendido el abismo.
         Tú serás un lucero diamante:
en el agua tus labios azules,
una flor de infinito en el aire.

Aurora Reyes

¿Cómo desentendernos… (18-X-2017) 

(Véase el texto de Agustín Yáñez publicado el 12-X-2017.)
¿Cómo desentendernos, por consiguiente, del llamado que en su discurso hace don Agustín, de la tristeza que manifiesta ante la decadencia de los estudios literarios y del impulso con que reclama, para esta disciplina, una atención que no sea tan sólo favor y excusa?
         Pienso, como él, que la simple visión histórica del panorama literario –nacional o mundial– no cumple la función que esencialmente incumbe a las enseñanzas de que nos habla y que lo urgente no es pasar lista a escritores y libros, sino formar criterios, suscitar la alegría del libre examen, depurar en cada educando el sentido y el gusto de la expresión. Sé que exhortaciones como la suya habrán de tropezar, cada año más, con un escollo que sería ingenuo disimularnos: la plétora de los programas y la autoridad con que otras asignaturas han invadido el espacio disponible en el día escolar de casi todos los institutos. […]
         La lectura y el comentario crítico de un conjunto de obras indispensables aprovecharán mucho más a los estudiantes que la determinación de un catálogo presuroso, erizado de apellidos de autores escasamente consultados y de títulos de libros insuficientemente comprendidos.
         Sólo así podrán concretarse, en la práctica, la necesaria diversidad de los planes de estudio y el deseo de que la enseñanza literaria contribuya fructuosamente, como lo pide el licenciado Yáñez, a educar la sensibilidad, ampliar y afinar la conciencia histórica y dar al idioma mayor riqueza y, sobre todo, más nítida exactitud.

Jaime Torres Bodet