Amor (31-X-2017)

Sólo la voz, la piel, la superficie
pulida de las cosas.
         Basta. No quiere más la oreja, que su cuenco
rebalsaría y la mano ya no alcanza
a tocar más allá.
         Distraída, resbala, acariciando
y lentamente sabe del contorno.
Se retira saciada
sin advertir el ulular inútil
de la cautividad de las entrañas
ni el ímpetu del cuajo de la sangre
que embiste la compuerta del borbotón, ni el nudo
ya para siempre ciego del sollozo.
         El que se va se lleva su memoria,
su modo de ser río, de ser aire,
de ser adiós y nunca.
         Hasta que un día otro lo para, lo detiene
y lo reduce a voz, a piel, a superficie
ofrecida, entregada, mientras dentro de sí
la oculta soledad aguarda y tiembla.

Rosario Castellanos

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Secreto (30-X-2017)

Reposa y pesa el mar
sin exceso colmado,
         con gesto puro ordena su abundancia
la variedad terrestre
         y todo aquello entre los justos horizontes
que tiene un rostro,
a él se asoma entero.
         ¿Soy rechazado?
Por el cuerpo transcurro de una diosa.
         De su aliento de amor, como en un sueño
¿será verdad que sus dormidos labios
casi audible formaron un suspiro
para el reconocido al fin decir
en un soplo “eres tú”?
         Pero no, buscador, no lo preguntes.
La diosa duerme, tú de pie confía
para cuando despierte sonreírle.
         Para ti mismo ante ella eres secreto.

Tomás Segovia

A shark in Chamela (29-X-2017)

Jaws significa tiburón, significa gato oscuro del océano que avanza sin maullar y también rasga. Jaws. Soy un chico que bebe solo el amanecer en la playa, que va buscando entre la arena centavitos huérfanos para echarlos en un casco de caguama. Algo gratuito. El mar –como los gatos y la muerte– es gratis. Sólo hay que buscar la manera de acercarse un poco, esquivar hoteles de lujo, evitar puertos, mirar al sol.

Xitlalitl Rodríguez Mendoza

La bicicleta  (28-X-2017)

A Minerva Villarreal

La bicicleta
lanza su sombra al pavimento
–interminable cinta–
como sólo ella sabe.
La sombra crece, se estira allá, muy lejos,
y alcanza la otra orilla;
luego viene y me cuenta
o, si no,
desaparece, se pierde en un suspiro
y otra surge despacio
para cubrir la ausencia
de la sombra que somos mi bicicleta y yo.
         Continúo pedaleando,
ruedo vertiginoso,
me trago el pavimento de esta noche;
luego miro el reloj: la una y quince.
Me hundo lentamente por el paso
a desnivel, desaparezco apenas,
pero vuelvo a surgir del lado opuesto
como si así espantara a una parvada
de pájaros chillones
y el mar, atrás, me fuera persiguiendo.
         Finalmente, cansado, adolorido,
me detengo a las puertas de la casa.
Dejo la bicicleta en la cochera;
reclino sus manubrios pensativos
–el niquelado brillo de su acero–
y mi propio cansancio
de cara a la pared.

Sergio Cordero

Recién muerto (27-X-2017)

Me gustaría
que fuese triste y obscura
la tarde de mi agonía.
Me gustaría
que quien cerrase mis ojos
tuviese manos tranquilas.
Me gustaría
que los presentes callasen
o llorasen con sordina.
Me gustaría
que fuesen pocos y aun menos
de los que se necesitan.
Me gustaría
que en el silencio del mundo
se oyese crecer la espiga.
Me gustaría
que la tierra fuese dura
como piedra conmovida.
Me gustaría
que me llenasen la boca
de tierra mía.
Si a los que van a matar
les dan todo lo que pidan
dejadme pedir de muerto
lo que a mí me gustaría.

Pedro Garfias

Amor oculto (26-X-2017)

Como el tumulto gris del mar levanta
Un alto arco de espuma, maravilla
Multiforme del agua, y ya en la orilla
Roto, otra nueva espuma se adelanta;
         Como el campo despierta en primavera
Eternamente, fiel bajo el sombrío
Celaje de las nubes, y al sol frío
Con asfódelos cubre la pradera;
         Como el genio en distintos cuerpos nace,
Formas que han de nutrir la antigua gloria
De su fuego, mientras la humana escoria
Sueña ardiendo en la llama y se deshace,
         Así siempre, como agua, flor o llama,
Vuelves entre la sombra, fuerza oculta
Del otro amor. El mundo bajo insulta.
Pero la vida es tuya: surge y ama.

Luis Cernuda

Para quien pretenda conocer a un poeta (25-X-2017)

Es difícil conocer el corazón de un poeta.
A primera vista resulta fácil doblegarlo por la vanidad.
ensalzarle y hasta aprenderse de memoria unas cuantas líneas suyas.
Caminar a su lado y sostener el mar con la mirada,
hablar de ciudades irreales,
adivinar su amor y sus costumbres,
su vida cotidiana, sus odios y rencores.
Penetrar el secreto de su técnica,
llegar a sus orígenes.
         Pero ¿quién, bajo lluvia, es capaz, sabe realmente
cómo es por dentro ese cuerpo tembloroso, amoroso,
maldito, blasfemo o perseguido de un poeta?

Thelma Nava