Paroxitum (3-IX-2017)

3-IX-2017

Paroxitum

El gesto con que reconozco el día 
y que disipa la ambigüedad de la noche,
la fulguración con la cual recupero los nudos de mis actos,
de pronto carecen de sentido.
         Cuanto habría de decir me es ajeno.
No comprendo las palabras
y ni siquiera las recordaría si alguien las nombrara por mí.
         El ave del significado es una ráfaga sin forma.
         Cuanto habría de enfrentar es inalcanzable.
Me vence el estancamiento de mi sangre,
el hastío de quien ha retornado sin gloria ni derrota.
         Me abandona la tibieza de lo que había creído como una pertenencia,
y lo incierto me jala como una caída irreversible:
todo signo se convierte en vértigo.
         Porque había decidido callar
y desertar de los puentes. Puentes de razón,
puentes de lenguaje,
                                puentes de poder,
puentes,
insondables puentes que se fueron tendiendo bajo una extraña vigilancia.
         Porque había decidido abandonar la sombra
y no cumplir sus votos en palabra,
acto o pensamiento;
no ser para intuir hasta dónde me tomó la inmisericordia
y dejar lo que no me pertenece
y encontrar lo hermosamente mío.
         Y todo en nombre de un corazón que desconozco
y que mínimo,
abisal,
sostiene mis cansados desafíos.
         Y todo en contra del absurdo,
todo por reconstruir los tejidos de esta cárcel
a imagen y semejanza de la transparencia.
         Pero inmóvil,
en esta orfandad,
nada existe sino el miedo.
         ¿Qué será de mi carne sin su altar de lo aprendido,
de lo visto,
una forma estéril e imprecisa,
sin los hilos a los que había atado su memoria?
         Y si todo es aparente,
la construcción de una conciencia arraigada por costumbre,
¿podrá permanecer sin asidero pensando que la cárcel no es real?
¿Qué es lo real entonces,
dónde su verdad que me es negada?
         ¿O mejor debería guardarme en la locura y fundirme en sus astros invisibles?
         El salto, la caída, abandonar la irradiación de lo habitado, 
cómo duele este paso decisivo.
         Y todo por saberme,
por hallar otro fundamento,
un orden contra este invierno viejo,
inalterable,
donde el corazón es sólo el vestigio de una luz vencida por el tiempo.

Claudia Posadas

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