Infancia (1°-X-2017)

Todo escapa borrado en su blancura.
Asesta al fondo
más allá de los ojos,
donde una niña
                       brinca en el abismo de su pie.

Una navaja rasgará la oscuridad,
confundirá los límites del hueco,
en el hocico profundo de la infancia.

Habita el polvo de arroz
               bajo la sombra de las cosas pequeñas
y se desviste de sí misma
tocada por un ángel.

Marianne Toussaint

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Telemaquia (30-IX-2017)

Dondequiera que haya un duelo, estaré de parte del que cae. Ya se trate de héroes o rufianes.
         Estoy atado por el cuello a la teoría de esclavos esculpidos en la más antigua de las estelas. Soy el guerrero moribundo bajo el carro de Asurbanipal, y el hueso calcinado en los hornos de Dachau.
         Héctor y Menelao, Francia y Alemania y los dos borrachos que se rompen el hocico en la taberna me abruman con su discordia. Adondequiera que vuelvo los ojos, me tapa el paisaje del mundo un inmenso paño de Verónica con el rostro del Bien Escarnecido.
         Espectador a la fuerza, veo a los contendientes que inician la lucha y quiero estar de parte de ninguno. Porque yo también soy dos: el que pega y el que recibe las bofetadas.
         El hombre contra el hombre. ¿Alguien quiere apostar?
         Señoras y señores: No hay salvación. En nosotros se está perdiendo la partida. El Diablo juega ahora con las piezas blancas.

Juan José Arreola

Hospital (29-IX-2017)

Los dementes flotan en sábanas de sopor,
los sostiene un espejo rancio
debajo de la cama.
Por este pasillo andan enfermeras
y serpientes que se arrastran con dolores sonoros.
El grito no cabe en el armario
ni en cuartos cerrados ni en hospitales;
los muros tienen manchas
de miradas tercas y lejanas;
hay ojos que ven reses que vibran y paisajes nevados,
gentes ahorcadas en las esquinas,
nidos de alacranes en el techo.
La cabecera tiene pelambres encerrados en el metal
porque los muertos
heredan la fiebre a los colchones
y viene un sudor que ningún jabón limpia.
         Los desquiciados comen panes desteñidos,
aguacates rellenos de talco,
verduras hervidas hasta ser
el vapor solo
que moja la frente alucinante.
Nadie besa estos labios disecados,
cayéndose en bloques como arena.
Los locos pasan el día y la noche
en gajos de luz imaginada,
en lámparas ciegas igual que túneles
donde no hay reposo,
donde el grifo eterno
suelta gotas como lágrimas.

María Cruz

La humildad premiada (28-IX-2017)

En una universidad poco renombrada había un profesor pequeño de cuerpo, rubicundo, tartamudo, que como carecía por completo de ideas propias era muy estimado en sociedad y tenía ante sí brillante porvenir en la crítica literaria.
         Lo que leía en los libros lo ofrecía trasnochado a sus discípulos la mañana siguiente. Tan inaudita facultad de repetir con exactitud constituía la desesperación de los más consumados constructores de máquinas parlantes.
         Y así transcurrieron largos años hasta que un día, en fuerza de repetir ideas ajenas, nuestro profesor tuvo una propia, una pequeña idea propia luciente y bella como un pececito rojo tras el irisado cristal de una pecera.

Julio Torri

Nocturno Muerto (27-IX-2017)

Primero un aire tibio y lento que me ciña
como la venda al brazo enfermo de un enfermo
y que me invada luego como el silencio frío
al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto.
         Después un ruido sordo, azul y numeroso,
preso en el caracol de mi oreja dormida
y mi voz que se ahogue en ese mar de miedo
cada vez más delgada y más enardecida.
         ¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento
en que se funda el hielo de mi cuerpo y consuma
el corazón inmóvil como la llama fría?
         La tierra hecha impalpable silencioso silencio,
la soledad opaca y la sombra ceniza
caerán sobre mis ojos y afrentarán mi frente.

Xavier Villaurrutia

Monólogo del viudo (26-IX-2017)

Abro la puerta, vuelvo a la misericordia
de mi casa donde el rumor defiende
la penumbra y el hijo    que no fue
sabe a naufragio, a ola o fervoroso lienzo
que en ácidos estíos
el rostro desvanece.  Arcaico reposar
de dioses muertos llena las estancias,
y bajo el aire aspira la conciencia
la ráfaga que ayer mi frente aún buscaba
en el descenso turbio.
         No podría nombrar sábanas, cirios, humo
ni la humildad y compasión y calma
a orillas de la tarde, no podría
decir “sus manos”, “mi tristeza”, “nuestra tierra”
porque todo en su nombre
de heridas se ilumina. Como señal de espuma
o epitafio, cortinas, lecho, alfombras
y destrucción hacia el desdén transcurren,
mientras vence la cal que a su desnudo niega
la sombra del espacio.
         Ahora empieza el tiempo, el agrio sonreír
del huésped que en su insomnio, al desvelar
su ira, canta en la ciudad impura
el calcinado són y al labio purifican
fuegos de incertidumbre
que fluyen sin respuesta. Astro o delfín, allá
bajo la onda el pie desaparece,
y túnicas tornadas en emblemas
hunden su ardiente procesión y con ceniza
la frente me señalan.

Alí Chumacero

Urnas dolientes (25-IX-2017)

¡Oh, cuántos ojos muertos mirarán
el dolor de mis sauces en el alma!
Vicente Huidobro

Caen las palabras como despedazados cuerpos
porque hoy necesitaron de tu sangre
y no estuviste aquí
agusanabas un sueño a mil años luz de mis piernas
Abro la boca largamente    sin ruido
El llanto es un gesto infantil que nos heredaron los abuelos
         Mi corazón    títere festivo
relata percusiones que no oyes
Conjuro contra el deshabitado templo de mi boca
         Nadie sabemos nada
aguijones de luz nos clava el día
seguimos goteando lamentos sobre un barril sin fondo
         Si pudiera bautizar mis tempestades con el nombre de Ariel
hinchar de puro gusto globos que crucen frente a tu ventanal
robarte los nombres que te cuecen la vida
ahorcar los besos con collares e espanto
         Ahora estamos solos
nadie pule los cubiertos de plata
mi madre ya no aúlla
y mis cejas se volvieron más negras que las oraciones cuando
enterramos a la tía Guadalupe
         Ángel visitador de habitaciones que aunque nunca tuvieron
vista al mar
acumulan arena en los pisos
–Una eternidad basta para que seamos un fósil en el 
espacio –dijiste 
         Como semillas huecas
como huevos de pájaro sin pájaro
como urnas dolientes
las horas deslavan el calor de mi lengua
el dedo que recorría tu piel como otro pasajero extraviado en la
ruta de la noche

Lizbeth Padilla