Otoño líquido (14-VIII-2017)

Allá tenía dos amigos
y un hombre que me amaba
poseía un cuarto donde el otoño
entraba por la ventana
derramándose
en partículas de ámbar-
El sol de otoño de Madrid,
frío y esperado.
         Yo amaba en ese entonces
los bares más extraños,
y el vino amargo que compartía
en la puerta del mundo
“Después de Madrid el cielo”,
me dijo un pirata de ojos claros
una noche que la luna
alumbraba imprecisa
a un grupo de gitanos
         que bailaban
en la plaza Mayor.
Después de Madrid el cielo.
Tal vez tenía razón.
Pero tú estabas en América
y ya te llevaba como espina encajada.
         Regresé, como era de esperarse´
a las montañas.
Todos mentimos cuando quemamos
el fuego de la entrega.
Madrid no fue importante.
Mis amigos bebían un vino alegre
mientras yo los miraba.
         Qué pasa cuando el corazón
vigila las ciudades
con los ojos de otros.
         Caray, de veras estoy triste,
y si volara a ver a mis amigos.
Y si estuviera aquí para decirte
que nos fuéramos junto,
y si Madrid tuviera mar.

Silvia Tomasa Rivera

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