La renovada muerte (31-VIII-2017)

La renovada muerte de la noche
en que ya no nos queda sino la breve luz de la conciencia
y tendernos al lado de los libros
de donde las palabras escaparon sin fuga, crucificadas en mi mano,
y en esta cripta de familia
en la que existe en cada espejo y en cada sitio la evidencia del crimen
y en cuyos roperos dejamos la crisálida de los adioses irremediables
con que hemos de embalsamar el futuro
y en los ahorcados que penden de cada lámpara
y en el veneno de cada vaso que apuramos
y en esa silla eléctrica en que hemos abandonado nuestros disfraces
para ocultarnos bajo los solitarios sudarios
mi corazón ya no sabe sino marcar el paso
y dar vueltas como un tigre de circo
inmediato a una libertad inasible.
Todos hemos ido llegando a nuestras tumbas
a buena hora, a la hora debida,
en ambulancias de cómodo precio
o bien de suicidio natural y premeditado.
Y yo no puedo seguir trazando un escenario perfecto
en que la luna habría de jugar un papel importante
porque en estos momentos
hay trenes por encima de toda la tierra
que lanzan unos dolorosos suspiros
y que parten
y la luna no tiene nada que ver
con las breves luciérnagas que nos vigilan
desde un azul cercano y desconocido
lleno de estrellas poliglotas e innumerables.

Salvador Novo

Canción de los tantos (30-VIII-2017)

Yo te amo, dijo el ciervo en tu vientre. Yo te amo, dijo el ave que bajó al jardín de tu casa y se puso a beber del rojo néctar. Yo te amo, declaró el peatón y hasta vigía, aquel que observó cuando llegaste de negro y pediste una cerveza.
         Yo te amo, sentenció la anciana que vende por casi nada la imagen de Jesús en los Olivos. Yo te amo, continuó mi boca, y fue una la ciudad mientras tú te acomodabas en mi espalda y escribías una larga historia que iba del cuello hasta el olvido, pasando por cinturas y retablos.
         Yo te amo, ahora que recuerdo, ahora que te aguardo y que me invento, metido en acrobacias y magia de tres pesos, en el universo de una carpa, en medio de los tuyos.
         Sólo escucha mis tantas voces, como un rumor de peces que se acercan.

Ofelia Pérez Sepúlveda

Bienandanza de la lluvia (29-VIII-2017)

Se derrumba el silencio contra los tulipanes
         Llueve septiembre
         Salta la noche sobre el lomo del cerro Chacashib
y desgarra los residuos del día
         Te doy la bienvenida
                                            Noche de sapos y de grillos
Bienvenidos los pájaros que se refugian bajo el alero de la casa
Las mariposas negras
                                  alma de nuestros muertos
La lluvia que percute en tejados   palmeras   y charcos
         La noche derrama su esencia de café
y la memoria se revuelve como el tigrillo en su trampa
         En el polen más denso de la noche
el silencio se enrosca
                                  como una serpiente.

Efraín Bartolomé

La oveja descarriada (28-VIII-2017)

Señor:
Déjame besar los labios de esa joven romana.
         No soy tu cordero más blanco,
no soy tu daga más pulcra
pero no falto a misa,
no olvido el ayuno
ni repartir el pan entre los mendigos.
Déjame besar los labios de esa joven romana.
         Déjame ser Uno con ella,
dame la forma del áspid
para enroscarme en su cuello
senos
         vientre
                     muslos
                                  tobillos
bajo el manzano.
         Señor:
El vino de consagrar es exquisito
pero el que brota
de sus intimidades
me abre las puertas del cielo.
         Ella no habla la lengua de tu iglesia;
cultivada por Venus y Minerva,
otorga placer
sin culpa ni castigo.
Déjame besar los labios de esa joven romana.
         Señor:
Déjame palpar su húmeda belleza,
lamer los pies de esa criatura
que triunfal ensaliva mi cuerpo.
          Señor:
No soy tu cordero más blanco,
no soy tu daga más pulcra,
pero deja que ponga mi pez en esa boca
         Cierra los ojos, Señor,
                                             y por piedad
déjame besar los labios de esa joven romana.

Héctor Carreto

Salir de un bosque… (27-VIII-2017)

Salir de un bosque de hierro y espejos con un ramo de flores de sol en la mano: escribir letras de nieve sobre el ala de la golondrina. Poesía: creer en la sonrisa del gato de Alicia, que, esperando desde el principio de mis palabras, ha permanecido aquí dentro, en el aire, invisible, planeando sobre nosotros, para aparecer de nuevo ahora flotando como una voluta-arcoíris bajando, descendiendo como una pequeña corola de humo, como el signo de interrogación de la esfinge, como el círculo de semillas del eterno retorno.

Agustí Bartra

De “Parafrasear” (26-VIII-2017)

XVI [Hospital General]

¿Estamos todos? ¿Ellas y ellos, los perros y las parcas?
¿Los entes y las castas?
¿Los creyentes, los dolientes, los buenos y los malos?
¿Están las moscas?
¿Están los roedores,
las polainas de plástico
y los charcos de rubor laminado?
¿Están las siluetas del teatro mudo,
los dedos introspectivos del manco,
los zapatos perdidos de paso en paso?
¿Está el mundo, está la humanidad, estás tú, estoy yo?
¿Quién falta? ¿La clemencia? ¿Se comparte? ¿Se divide?
La mitad ya es mía. Ponla aquí, en el centro,
bórrame luego con tu trapo tan útil tu trapo tan gris,
disípame luego con ese gesto de somos tantos que no importa uno,
qué fácil la identidad cuando se cuenta por individuos,
pero en masa los dígitos traman
sus propias trampas con los volúmenes dispersos
de carne por allá y espíritu por acá;
entonces uno es todo y todo es ninguno.
Ah, sagaz. ¿Dónde he oído eso? ¿Y lo bonito
del mensaje: humildes, dispares, compasivos
a pesar de las hormas irrepetibles:
yo soy yo y tú eres tú
aunque nos lastre el diluvio?
¿Y la cara de alguien para apegarse,
reticente tras el umbral, el diablo
dibujado en la sonrisa, enjuto diablo, expresivo?
¿Para qué lo meto?
Ni con los fuegos más taimados,
mi amor irrestricto y simple, por ejemplo, 
logro sacarlo más tarde.
Hoy vengo penando, me dice,
y se aleja por la puerta donde entramos todos.

Tedi Lòpez Mills