Despertar… (15-VII-2017)

Despertar
entre sudor y luz de día
enredada en tus piernas
con una carta en la memoria
y las muertes todas: las del amor
y los amigos, accidentes de coche,
de guerra, fusilamientos y un suicidio.
Todas en una mañana de sol
cuando tus piernas me sueltan
y los nombres de la muerte corren
de la cabeza al pecho formando
un huequito que duele cuanto el hambre.
Como la tristeza de mi amigo
que llegó por teléfono con su veneno para ratas
una mañana en Londres;
como las balas de la noche
que dejaron unos ojos de muchacha abierto
al ladito del hotel de San Salvador.
Despierto enredada en tu saliva
me suelto con el huequito que se agranda
mientras la pasión de mi vida
llega a los treinta años y no a los dieciocho.
De repente saber que no es cierto
que pasiones tuve muchas
y me duele su agonía.
Tuve ideas amigos caballos un partido
una casa en Siracusa con biblioteca hexagonal
la casa de Edoardo en Trastévere
mi casita en San Jerónimo.
Tuve viajes que llenaron vacío con panoramas
el socialismo y las esperanzas turcas
el sueño de Allende
Arafat y Palestina
la pelea verde de Alemania.
Tú sigues dormido
mientras mi hueco se agranda cayendo en él
caras del pasado.
Duele no saber ya qué creo
y juego al dolor
con el coche de Eugenio volteado en Colima
con el asesinato de Carlos en las montañas de Nicaragua
con la desaparecida cara de Ashour
mostrando los signos de la tortura israelí, muerto de risa
y aun con el idiota de mi primo
que se colgó de un ciprés
frente a su casa
para que la madre al volver
se sintiera culpable
de no haberle regalado una moto de cross.
Y juego al dolor
me regodeo:
es tanto el tiempo del sufrir menudo sin gloria
                                                      [sin regreso
es esa angustia de no saber cómo escribir
la carta a quien me ama
para asesinarle su proyecto de mí.
Y de repente quiero llorar y no puedo
miro tus piernas te siento dormir.
El huequito se traga al pasado
quiero decir que puedo, puedo aunque duela
porque Chile y Turquía tendrán libertad
y Palestina su tierra
puedo porque al destruir las máquinas
habrá trabajo y los niños ya no se suicidarán
puedo porque los muertos viven en el recuerdo
porque mis amantes hoy son felices
puedo porque la ideología se ha transformado en
                         [sentimiento y es aún más fuerte
y porque duermes a mi lado y
nunca tuve dieciocho años.

Francesca Gargallo

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