Veracruz, primera noche (28-VI-2017)

El agua cicatriza
insomnios y memorias
y restaña el ardor
de la piel requemada.
         En la noche del trópico
los cuerpos no respiran
y hay sombras pegajosas
de cuerpos anteriores.
         Pero el agua redime.
Desaparece incluso
la pared pingajienta
y el agua celestina
prepara nuestros ojos
para el festín radiante
del hibisco amarillo
y de los tabachines
con sus lenguas de fuego.
         ¿Llegamos de verdad?
Nuestros yos se licúan
esperando nacer
hacia algo distinto.

Ernestina de Champourcín

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