La Torre del pájaro (1°-VI-2017)

I
En el sueño de la ciudad
somos poros de una piel que se prolonga.
El jadeo de la siesta
como un lento fuelle asciende por los muros.
El verano nos retiene entre sus calles.
         Soy el eco de su voz,
nací con su memoria.
Ella habitó mis ojos,
desdibujó mi frente,
nombró sus signos en el viento acañonado.
Cada día más ajena perdí el rastro
Me adormecí levantando sus murallas.
         Me dejó entrar en su vaho,
desvestirme del luto infantil.
Signé con saliva las plantas de mis pies
y me adentré en la travesía.

II
La roja luz entre las ruinas
lleva en su corriente
la sombra de empalados,
con su gesto ambiguo de dolor y desprecio
único e irrevocable de todos los varones.
El sudor de las batallas,
el chapoteo de la guerra entre las botas,
acumuló bajo las bancas de la iglesis
el fino lienzo de las plegarias.

III
Bajo la luz cenital del mediodía,
parecen salir
de su oscuridad las cerraduras,
invitar a la profanación del sueño.
         Sus calles vacías nos condenan:
–¡Inclina la cabeza, agacha el corazón,
uno más entre nosotros no es nadie!

IV
Los pájaros, perdimos la voz
entre las altas murallas,
se la hemos prestado a la ciudad
para formar un manto de murmullos
que cubra las heridas de su rasgado cielo de torres.
Sólo junto a Ella cantamos el himno de los días,
y atamos en un puño el lamento de los varones.

V
Las viejas salen al río para trenzar
el vaho de la noche.
Predican el rumbo contrario de los vientos,
descuajan las estacas del orden,
extienden un círculo de sombra
y aguardan la llegada de algún hombre.

VI
Su frío nos derrumba.
Convocados al vapor de la tetera,
en su desamparo, nos atrevemos
a garabatear la idea de ser alguien.
Pero el espejismo de su ausencia
es un ojo blanco sobre nosotros.

VII
Vamos a llorar, madre,
vamos a llorar como lo pediste,
encerradas, doblando la cerviz.
Voy a incrustar en la argamasa de estas piedras
como un grano de sal, perdido
mi nombre en las murallas.

Marianne Toussaint

Yo ya no sé (31-V-2017)

31-V-2017

Yo ya no sé

Yo ya no sé decir esa palabra
pero puedo besar la anchura de tu espalda
con el ademán cotidiano que marca la costumbre,
con el ademán de las plantas
que se aferran al suelo
de la rueda que gira
o de las cosas que están,
allí, simplemente.
Yo ya no sé decir esa palabra,
ni sé pedir, ni desear tampoco
y mi cuerpo se extiende en tus pupilas
como la eterna colina en el tedio del toro.
Yo ya no sé,
yo ya no sé si acaso perdimos la palabra
pero las cosas van pasando en ríos lentos de luces
como en la madrugada de una bestia apacible.

Verónica Volkow

Evasión  (30-V-2017)

En Tlalpan hay varios manicomios.
Y viendo en la sala de espera esos viejos tomos franceses tan espesos
de balneoterapia y arsonvalización,
cruzando ese jardín por donde tres veces a la semana discurren filosofías de vía angosta
–los perros trágicos machacados en la carretera al pasar en volandas,
y así habrá que pasar ahora.
                                             Hace calor.
El que vaya a la hora cursi como todas marchando a oscuras al lado de los rieles
podrá escuchar (si le importa) el zumbido de muchos escarabajos enamoradísimos
entre las piedras del talud.
Más allá (es de suponerse) descansan adineradas adolescentes de miembros fruticosos,
con los labios secos, tendidos al descuido
como largos gatos de algalia.
(¿Habrán comido habas?
¿Borrarán como es debido los moldes de sus cuerpos en las camas? Oh riesgo.)
Pero este mundo de trenes y escarabajos es un mundo de trenes y escarabajos,
sin embargo,
nagara.

Gerardo Deniz

en el anfiteatro… (29-V-2017)

en el anfiteatro del silencio
         poblado de mariscos
allí donde pululan hormigas con alas que son piedras preciosas
perdí un caracol
que me daba la hora
         y me encontré de pronto ante un espejo
que me preguntó 
quién eres
         agitada multipliqué mis caras
recordé niños que había sido y sueños que había querido ser
y momentos largo tiempo perdidos
presenté mil verdades sucesivas que caían en silencio
hasta confesar
soy todo
y quedar convertida en un sistema de sistemas que giraban
en un silencio espeso

Isabel Fraire

Jardín cerrado al tiempo… (28-V-2017)

En un jardín te he soñado…
Antonio Machado

Jardín cerrado al tiempo
y al uso de los hombres.
Intacta, libre,
en generoso desorden
su materia vegetal
invade avenidas y fuentes
y altos muros.
Hace años cegó
rejas, puertas y ventanas
y calló para siempre
todo ajeno sonido.
Un tibio aliento lo recorre
y sólo la voz perpetua del agua
y algún leve y ciego
crujido vegetal
lo puebla de ecos familiares.
Allí, tal vez,
quede memoria.
Allí, tal vez,
cierta nocturna sombra 
de humedad y asombro
diga de un nombre,
un simple nombre
que reina todavía
en el clausurado espacio
que imagino
para rescatar del olvido
nuestra fábula.

Álvaro Mutis

A esta mujer… (27-V-2017)

A esta mujer la sangre se le fuga
en un torrente de tardes en el pasto.
         Con toda la calma y la paciencia
abotonada entre los dientes,
con las manos lastimadas
por la furia del jabón.
         Su falda es la bandera
que dibuja los límites del cuerpo.
         Y está ahí: quieta
en su misión de sostenerse
de un hilo delgadísimo,
sin murmurar su sueño desvelado
de mujer corrompida
por el alfabeto salvaje de las cosas.

Mónica Nepote

Tríptico  (26-V-2017)

Vida

He tomado una luz de la mañana
para con ella calentar mi frío,
grieta de sol donde navego el río
que ha de llevarme a su extensión lejana.
         No me importa sentir esta campana
que toca a nada desde mi vacío,
sé a dónde voy, no importa el vocerío
que llama a muerto desde mi ventana.
         Nací para morir. No llevo prisa
porque avanzo a mi fin de igual manera,
corto la flor, abrevo la sonrisa,
         tomo la sangre de la vida entera
porque un día seré polvo, ceniza,
y de ahí nacerá la primavera.

Amor

Cierva de miedo por mi fin cercano
o feliz corza por mi nacimiento,
entre dos puntos fundo mi lamento,
que nacer y morir van de la mano.
         De lo que soy, relámpago o gusano,
de lo que reflexiono o lo que siento,
alta soberbia o gris abatimiento,
surge clara respuesta del arcano:
         Nací para el amor. Es mi alegría
este polvo de estrellas que habito.
Te descubrí. Me hallaste. Coincidía
         tu gemido amoroso con mi grito.
Y porque tengo todo de este día
ya ni vida ni muerte necesito.

Muerte

Mírame aquí, de pie, sobre mi muerte,
ávida sombra de temblor nacida,
compacta soledad que me intimida,
carroña en flor que mi intuición advierte.
         Mañana, sí, mañana estaré inerte.
Más hoy marcho de pámpanos vestida
al pagano festín que da la vida
por cortar los racimos de la suerte.
         Nací para vivir. Para el dispendio.
Para salvar la rosa de la espina,
para aumentar con llamas el incendio,
         para soñar la gloria que alucina.
Pero el fin llegará, seré el compendio.
Y de esta carne nacerá la ruina.

Griselda Álvarez