Mediterráneo (17-I-2018)

 

Dulces, tristísimas aqueas
desnúdense ante mí,
les ruego.
El mundo es gris cuando se mira desde el trono,
la soledad es hueca como los pilares del palacio;
a lo largo y ancho de mi reino
los hombres se atrincheran
tras las barricadas de la noche
y sus lágrimas secretas descienden al Egeo
Divinas aqueas,
hubo una vez una mujer de labios finos
que me llevaba por paisajes rubios.
Su mirada se elevaba sobre el círculo de fosas,
Sus manos gobernaban las cúpulas del sueño.
Tristísimas aqueas,
blanca espuma del Mediterráneo.
Cubran mi cuerpo con su oleaje,
ayúdenme a olvidar su piel, sus ojos claros;
recibirán por sus favores
un imperio.

Eduardo Saravia

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Los sonámbulos (16-I-2018)

 

Y, cuando duermen, sueñan no con
los ángeles sino con los mortales.

Xavier Villaurrutia

Se despertó al oír un ruido
a sus espaldas, un murmullo
de frondas embozado. Abrió
los ojos y rozó en silencio
sus brazos recogidos entre
la nervadura de la sábana.
Qué sucede, por qué no duermes
–le preguntó mientras el alba
ya era otra forma en los espejos.
Me soñaba contigo –dijo
sin mirarle. Y se dio la vuelta,
cerró los párpados del sueño
para buscar la piel que huía
desde sus yemas, luz adentro.

Jorge Valdés Díaz-Vélez

La garota de la autopista (15-I-2018)

 

Quise ser bucólico. Ayer quise ser bucólico
a mediodía, en medio del viaje
con la brasileña (hija del brasileño
que buscaba a la garota) cantando. Siempre
viajo, mi amor. A veces tan lejos de mí
que no me acuerdo. Ayer había vacas
que parecían vacas blanquinegras y lluvia.
También eucaliptos y milperío. Verdes, verdes
de todos los colores,
pueblos, riachuelos, largas extensiones
abiertas a la brisa, vías para un tren
inexistente y un árbol que se parecía a Giacometti
Me faltó mencionarte los campos azules
de agave. Ayer, te decía, mi amor,
quise ser bucólico. Había tanta belleza
en el paisaje que no pude repetirlo.
El toro de Osborne aparece cuando menos
se le espera, como ahora, mi amor.
Qué verdes, qué verdes había a lo largo de,
a lo ancho de. Quisiera volver
un poco atrás, cuando te decía, por ejemplo,
que quise ser bucólico, al menos
por un rato. Pero en realidad, eso fue ayer,
hoy quisiera ser neoplatónico, mi amor.
Hay flores para ti.

León Plascencia Ñol

(14-I-2018)

 

Mas el gozo se observa de tus ojos,
tan plácido y augusto,
que todo amor que ciñe y toca
ese tierno laurel de tu mirada
se viste el alma de hermosura,
y en ósculos de soles de tu cielo
se anega el alma de perfume.
No hay brillo igual como tu brillo,
desnudo amor, amor de todo,
amor de tierra y agua,
de fronda y viento,
de verso y de palabra.
Amor que busco por tu sombra misma
desde siglos atrás,
mucho antes de nacer,
cuando era nadie y nada.
En ti me gozo, amor,
y canta mi alegría…
Te busco en la mañana
sonora de mi carne,
y en el árbol callado de mi alma.
Mi voz se adelgaza como viento
para rozar tu oído,
y se hace lirio blanco
para besar tu cuerpo.
Sueña tenerte asido de la mano
y cantar aleluyas en tu nombre.
Divino amor, ¡amor de todo!
Sueña estar regalada
en la diestra de tu arca,
confundida en tu aliento,
abrazada a tu friso sempiterno,
en ese clamor de salmo y llaga.

José Cárdenas Peña

La interrogante del espejo (13-1-2018)

 

A Rigoberto Peña Guerrero

Yo solo y sepultado
en la atmósfera sola de la tinta nocturna
como náufrago espejo que ni ve ni refleja…

Elías Nandino

 

¿Qué pasaría si una mañana
al despertar
recordaras aquella pesadilla
que viviste ante el espejo
donde se desvelaba
un rostro adolescente
casi muerto –sin querer
morirse todavía–
rostro que se reflejaba
como lirio degollado?
¿De quién eran esos ojos
desiertos ojos
en los que se transfloraba
el propio desamor,
el ansia de escapar
a las limitaciones infantiles,
al dolor bíblico aún vigente,
a la interrogante que destroza,
que muerde,
que extirpa
la esperanza
y la ilusión?
¿Escucharías por fin esa verdad?
¿Serías capaz
de gestionar la fuga
ante el reflejo original
que purifica el mundo?

Luis Samaguey

De “Amor que te asomas” (12-1-2018)

X
Un guaje es tu boca fresca,
odre de almíbar;
trozo de amor fresco que a tu contagio
vuelve carne y amor
a la muerte y al engaño.

XI
No eres la pluma
que al aire se inclina,
ni el cuello tibio del ganso,
ni la piel del tímido durazno:
eres el injerto de toda esa ternura
en la fuerza del monte,
en el salto de un felino acorralado.

XII
Abrazo de la tierra,
certeza de lo que el monte dice,
secreto hecho voz,
es el silencio tu aliento cuneiforme,
caligrafía de los dioses son tu olor
y tu cuerpo de amor sedientos.

XIII
Durazno,
miel de la uva,
fibra del pérsimon:
me ofreces un glosario de carnes
en cada beso.

Carmen Boullosa

Mientras tomo una taza de café… (11-I-2018)

 

Mientras tomo una taza de café repaso los poemas que he escrito
¡Cuánta confusión! ¡Cuántas palabras perdidas!
¿Bajo qué impulso lancé mi pecho mis descomposturas
a la búsqueda de ese mar que no es claro ni habitable?
Si he dicho soledad árbol o cieno
fueron palabras imprecisas para extender mis brazos
para darle un vuelco al reloj y mostrar su desnudez
y sus caminos
He tomado conciencia de mis obligaciones
y he querido dar a los hombres nada más un relámpago
Debajo de una imagen ahora me duermo
ahora la doblo ahora la subrayo
Mañana despertaré en un mundo nuevo

Óscar Oliva