Ensayo de un divino amor (10-X-2018)

 

Llega hasta mí un canto de pájaros nocturnos
qué harás ahora mientras escribo para ti
busco con placer un rincón íntimo y oscuro
donde pueda anegarme con tu luz.
No temas por mí, al fin y al cabo
en otro tiempo y otras circunstancias
soy tú.
Cualquier punto es bueno en una esfera
para hacer vértice
sólo cuida de no romper el destello,
la magia cóncava de los cuerpos celestes y terrosos
que infinito naufragan.
No, no rompas el hechizo que has ido propagando
con tus ojos
deja que el ámbar lejano de la luz eléctrica
siga simulando estrellas artificiales
alumbrando los anchos callejones del mundo
piensa que mi amor es el calor refugiándose
en la copa de los árboles
que miramos gracias a la pura transparencia del aire.
Sólo un sonido leve, llamador de la paz,
Atropellado de luz, blanca y refulgente.
Así siente mi corazón por ti.
Murmulla el silencio y se oscurece el cielo
las siluetas de los árboles anchas y redondas
moviéndose en su danza nocturna y milenaria
ajenos los pájaros susurran
conocedores de la noche
y en espiral hacen su vuelo
en ondas cortas y elevadas
tiernas penumbras de la noche que empieza
son las sombras que envuelven tu recuerdo.
Sin luz, buscan mis dedos las letras de las teclas
y pienso en ti, sin puntos, sin comas, sin acentos.
Un delicioso viento entra por la ventana
son tus manos que acarician mi cara.
Ya sé, igual que tú quisiera no quererte
y ser indiferente al abismo de sol al que me orilla la noche.
Vuelvo a nacer, boca que me traga
húmedo imán, lágrimas redondas
ausencia acostumbrada,
arde mi corazón
quiero arder en tus ojos
calcinar tus venas y tus huesos.
Lirios azules custodian el desvelo
y pienso en ti
allá, lejos en la distancia,
un sueño aletargado y venenoso
te hará pensar en mí
y humedecerte en una lluvia blanca
y un prohibido destello de amapolas
te llamará a los campos
de las cóncavas sombras.

Dolores Guadarrama (1958)
En Quinteto para un pretérito
Chihuahua, Chihuahua, 2000

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Llevo en la sangre (9-X-2018)

 

Mujer de barro soy
pero el amor me floreció el regazo.
Ángela Figuera Aymerich
Cargo algo de mujer que ha esperado
por siglos a cazador, marino o guerrero
al varón que ha de retornar al lecho
fuego y ramas, enjambre de cuerpos
que saben anudarse y desasirse.
Llevo en la sangre gusto a simiente,
me rodea una estela de mariposas en celo
y una ancestral ansia de ser refugio solo.
He de parir en cuclillas y yacer en vasija.
Anda en mi piel culto de lluvia urgida
y húmeda savia de cueva fecunda.
Olfateo el regreso y me convierto en loba
Lamo la imagen labrada de bisonte erecto
distraigo la sed demente
que aguarda algún signo
al cobijo de alumbradas palabras
me calcino y resucito
al invocar un nombre.
La huella en el afiebrado vano de la sábana
es indicio de cósmico estallido
siempre.

Jennie Ostrosky (1955)
Palabras olvidadas somos
UAM, México, 1998

Primera confrontación (8-X-2018)

 

Con las rosas recién abiertas
que mi deseo acaba de robar
del jardín de Ronsard
te doy los buenos días,
con el temprano rigor de mi cuerpo
te doy los buenos días,
mientras mis manos de cabrero empujan
la pesadumbre animal de tus nalgas
te doy los buenos días,
cuando al alba los gallos
mitigan su insolencia
y te incorporas
dispuesta a derrocarme,
te doy los buenos días.

Diego José (1973)
La herida de Ulises
Elementum, Métrica
México, 2017

Mitla (7-X-2018)

A Myriam Moscona

Las mujeres
caminan con el corazón descalzo.
Algunas traen sobre la cabeza
un canasto repleto de miradas
que venden a los paseantes.
¿Cuántas espinas hay bajo sus ojos?
¿Qué hablarán en su lengua
perceptible sólo a los cactos, las flores y el barro?
Crían a sus hijos como larvas.
¿Serán mariposas de jade un día?
Sus lágrimas de obsidiana engarzan
collares y pulseras de dolor.
Las más viejas tejen
con grecas de su piel
los telares del silencio.
¿En qué deidad sostienen su ánimo?
Todas a diario se tragan la noche.

Gabriela Balderas (1963)
Poetry Inside Out: The Best of 2003,
Center for Art in Translation,
San Francisco, 2003

Pinceladas (6-X-2018)

 

Entre sus dedos la gentil María,
tal vez por distracción,
con maldad inconsciente fue estrujando
las hojas de una flor.
Y cual la noble víctima que cae
otorgando al verdugo su perdón,
la flor entre sus dedos fue dejando
aroma embriagador.
Después, el viento, de la pobre rosa
las hojas dispersó,
y en el viento también quedó impregnada
la esencia de la flor.
–          Yo conozco en el mundo muchas almas,
que como aquella flor,
encuentran una mano despiadada
que mata su ilusión.
Y dejan en la mano que las hiere
la esencia de su amor.
Después, el mundo, que del alma herida
no tiene compasión,
con sangrientos sarcasmos escarnece
y aumenta su dolor;
y al rodar esparcida por la tierra
la flor de su ilusión,
va esparciendo en el mundo que la ultraja
la esencia de su amor.

Dolores Correa Zapata (1858-1924)
En Aurora Marya Saavedra,
Las divinas mutantes. Carta de relación del
itinerario de la poesía femenina en México
UNAM, Praxis, IMC, Sogem, IPN, México, 1996

De “Elementos para un poema” (5-X-2018)

 

XIX
De la palabra espejo huyo insistente. Sin embargo, aparece de pronto en el centro de un
texto, se introduce subrepticia y sigilosa, dueña de una transparencia que le roba al cristal y al azogue. El problema del vocablo espejo es que funciona como un eficaz disparador de  lugares comunes. Es un término esencialmente tramposo porque construye una realidad inexistente; es el signo de lo imaginario, la memoria y lo indecible. Aristóteles propone al espejo como símbolo de una poética, por cuanto es capaz de recrear con precisión lo que la luz define. Sin embargo, L. Carroll descubre la trampa, al enseñarnos que el mundo reflejado responde a leyes propias y distintos misterios. El espejo es hermano del poema, oculta mucho más de lo que dice. Así, el espejo metido en la metáfora fractura el universo, libera el terror. Por eso es frecuentemente utilizado por la magia. Entero, juega con la luz para engañar a la realidad con ella misma; roto, se transforma en calidoscopio, en mandala, en la imagen misma del caos o del desastre. Un espejo es fiel testigo de la marcha del tiempo y el abominable encuentro con el doble. Si lo miras con fijeza sobrevendrá una sensación de vértigo. Es también una puerta, un ojo, el espía, el borde que limita la locura; el vórtice donde se mezcla lo real con lo ficticio. Se dice que las horas más negras de la noche, el tigre y los demonios, nacen del espejo cuando lo toca un rayo de luz que oculta un reflejo de Venus en sus pliegues.

Norberto de la Torre (1947)
Tiempo es una metáfora que duele
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Editorial Universitaria (UMSNH), 2002

Marzo para siempre (4-X-2018)

 

a Teresa, veintitantos años después
El mundo era otro mundo.
Se hablaba de países, de palabras, de himnos
que ya no quieren decir nada.
Incluso los mendigos y los bancos,
que siempre son iguales,
eran otros.
Otro era el mundo
y, por lo visto, no era para siempre.
–          Nos preocupaba la cursilería.
Nos preocupaba decir más
o menos de lo necesario.
Las canciones nos daban la palabra
y en algunas,
aunque nadie pudiera explicar cómo,
marzo era marzo para siempre.
–          Yo te miré de cerca,
tú me viste mirarte
y era normal que preguntáramos
¿qué tal si marzo fuera para siempre?
–          Que todo se perdiera
qué importaba:
la vida o el amor o Amado Nervo.
La canción importaba
contigo viéndome de cerca,
yo viéndote mirarme
y marzo siendo marzo para siempre.

Luis Vicente de Aguinaga (1981)
Qué fue de mí
Mantis Editores,
Luis Armenta Malpica,
Guadalajara, 2017